Aunque ya estaba de antes

Hoy hace justo una semana que empecé a trabajar desde casa debido a las actuales circunstancias que nos han tocado vivir.

Conseguir estar aquí no ha sido difícil, no voy a mentir, pero tampoco ha sido un camino placentero.

Como sabéis, al tener  no una, sino dos, enfermedades autoinmunes (en mi caso) estamos en lo que han llamado los grupos de riesgo.

Cuando empezó esta locura, que nadie nos tomábamos en serio, ni se me pasó por la cabeza que yo estaría entre las personas especialmente sensibles ante el Covid-19.

Como la información que llegaba en forma de bombardeo por diferentes vías era contradictoria y me resultaba una locura, yo tomé la vía directa y escribí a mi endocrino para ver qué estaba pasando.

Ya se estaba empezando a hablar del teletrabajo y yo tenía mis dudas al respecto.

Gran parte del ejercicio que yo hago son los kms que ando para poder bajar a mi puesto y quitarme esos kms no me parecía la mejor opción para la diabetes.

Teniendo en cuenta la información que se barajaba cuando yo escribí a mi endocrino (06/03/2020) la respuesta en cuanto al virus no fue muy concreta, ni siquiera ellos tenían mucha más información que la que podíamos tener nosotros.

Pero sí que me dejó claras varias cosas:

  • La diabetes no hace que sea más fácil el contagio.
  • La diabetes no hace que vaya a ser diferente en caso de contagio que una persona sin diabetes.
  • Si hay complicaciones, sí que pueden ser más graves al tener el sistema inmunitario tocado.
  • Si puedes, quédate en casa (así acababa el mensaje)

Pongo en relevancia la fecha del mensaje porque en ese momento la gravedad del asunto era casi una leyenda urbana.

No me preocupé mucho en ese momento del tema, el mensaje en verdad para mí era tranquilizador, no había más probabilidades que el resto, así que siguiendo las recomendaciones que ya había, no veía problema en seguir yendo al trabajo.

El problema fue cuando a partir del lunes, las recomendaciones de la semana anterior se convirtieron en alarma y toda la tranquilidad que había hasta ese momento se fue al carajo.

Durante la semana todos pudimos ver momentos de locura colectiva que en mi mente iban calando junto con el mensaje de mi médico. Tenía que tener cuidado y evitar exponerme.

Pero ahí seguía mi mente en modo diabetes: ¿vas a ser capaz de ajustar todo esto?

Durante dos días la idea me rondó mucho,, más que rondarme me acosaba, pero el miércoles ya no pude más y solicité trabajar desde casa porque, a pesar de las dudas, sabía que por salud, y no solo física, sino mental, tenía que hacerlo.

Por mí, por mis seres queridos y por todas las personas con las que me cruzo cada día de camino al trabajo.

Así que con mi portátil en el salón empecé a trabajar desde casa.

Viendo la vida desde el salón

Los primeros días no los llevé mal porque aún podía salir sola a la calle y dar algún pequeño paseo por zonas no concurridas.

Ya el sábado el tema nuevamente cambió bastante, se decretaba oficialmente el estado de alerta y ya no podíamos salir de casa ninguno.

Para mí el domingo y el lunes fueron momentos de crisis emocional total. Me sentía totalmente agobiada por tener que quedarme en casa y sobre todo por hacerlo sola.

No comparto piso. Y es algo que llevo bien. Apenas estoy en casa, trabajo 8 horas y como en casa de mis padres, así que hay días que apenas vengo para ducharme y dormir. Y cuando estoy aquí, pues estoy tan a gusto.

Pero ¿qué pasa cuando te quitan todas esas pequeñas cosas que hacen tus rutinas llevaderas? Pues que esto se vuelve algo angustioso de facto.

En casa 24 x 7 y con la única compañía de mi reflejo en el espejo.

Yo pensaba que daba en loca el mismo domingo.

A todo esto me acuerdo de la diabetes, que no voy a poder pasear, que me voy a tener que hacer yo las comidas, que no voy a ser capaz de controlar todo esto de golpe…

Sabéis como acabó esto, ¿verdad? Pues sí, en hiperglucemia mantenida hasta el lunes bien entrada la tarde.

Pero entonces ocurrieron dos cosas que me han ayudado mucho:

  • Video llamadas. Desde el lunes llevo hablando con todas las personas que puedo por esta vía (hasta esta semana algo impensable porque no me gusta mucho lo de verme el careto) y aunque falta esa cercanía de una conversación cara a cara, a mí me ha dado la vida.
  • Mi “vecina”. En verdad no lo es, pero casi. Nuestras terrazas están contiguas pero no nos vemos porque la suya queda por encima de la mía. Yo había oído mil veces su voz pero no sabía cómo era hasta que el otro día se asomó porque había oído ruidos y quería saludar. Parecíamos Romeo y Julieta. Lo mejor es que ahora, cuando me oye, se asoma para ver que estoy bien porque sabe que vivo sola y me da consejos sobre donde ir a comprar y que haya existencias.

Desde el martes las cosas a nivel de glucemias las tengo más controladas, pero esto me está costando un montón. No tanto los niveles de glucemia como la ausencia de contacto humano y de aire libre.

Me mantengo entretenida todo lo que puedo, leo, estudio, veo la televisión, hago yoga, limpio, ordeno, trabajo y duermo. Además me voy acostumbrando a lo de tener que cocinar (aunque lo sigo odiando), pero bueno.

Si de algo estoy segura de todo esto, es que saldremos de esta y saldremos reforzados.

Yo por lo menos ya he aprendido la suerte que tengo con la vida que tengo y que poco la estaba valorando.

Espero que estéis todos bien y que esto pase lo mejor posible, ni siquiera digo rápido, solo quiero que acabe bien.

Por ti, por mí, por [email protected] #yomequedoencasa


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

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Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


1 comentario

Aleska · 19 marzo, 2020 a las 21:02

Diabetes

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