Ya estoy aquí de nuevo, espero que me hayáis echado de menos tanto como yo a vosotros 🙂

Después de una semana recorriendo parte de Polonia como os comentén en mi anterior entrada, toca volver a la rutina diaria y sobre todo al trabajo (escribir esto me hace recordar lo bien que se está de vacaciones aunque sea en casa sin hacer nada)

Pero esto de ser precariamente pobre y que el banco insista en que le pague todos los meses la hipoteca (y no se olvida ni uno…) hace del trabajo algo necesario, así que esta semana ha sido de aterrizaje forzoso y mucho…

Tan forzoso ha sido el aterrizaje, que me ha costado más de una semana poder escribir esta entrada a pesar de que tenía muchas ganas de contaros un poco el viaje.

Aunque no hace ni dos semanas que estoy de vuelta me da la sensación de que han pasado mil años y ya estoy pensando en la siguiente escapada, que no va a tardar mucho porque la semana que viene es mi cumpleaños.

Y como este año es el último que la cosa empieza por 3 voy a celebrar la llegada de los treintaytodos en modo spa en la montaña. Así da menos pereza cumplir años.

 

Bueno, que me lío a futuro y yo lo que quería era contaros un poco del pasado (en verdad que en mi mente han pasado como mil años desde que volví, jjajaja)

Ya os fui contando un poco por Instagram (@galletasconveneno)  como iban mis controles y la verdad es que hubo de todo. Los primeros días aunque la comida de allí es potente (muy potente) las hipoglucemias eran constantes, un par de ellas al día (o tres que yo lo valgo y aguanto todo…) así que teníais que verme comiendo azucarillos porque la glucosa en sobres (la muy ) se pasaba el rato por medio pero según me daba el bajón, oye, que desaparecía dela mochila y no estaba yo como para ponerme a buscar con detenimiento, jaja

(El pasarme andando entre 5 y 7 horas al día también influye que por mucho gimnasio que haga a esos niveles de cardio pues como que no llego)

 

Una vez que este cuerpín serrano le pilló el truco a lo de pasarme el día andando, pues dejó de adivinar las raciones que había en la comida y empecé a tener algún pico por alto, que no voy a mentir, después de parecer una yonqui adicta al azúcar, hasta agradecía no tener que preocuparme durante un rato de una posible bajada (no es para estar orgullosa ni mucho menos, pero el ritmo que llevaba de andar combinado con las hipoglucemias estaba desluciendo el viaje un poco)

 

El colofón fue un día en el que más o menos había ido todo bien, pero por la noche en el hotel me noté un poco rara. Como ya me conozco yo esas “rarezas” miré el azúcar y OMG, 34

Yo creo que me puse mala al verlo porque hasta ese momento ni temblores ni sudores, hasta hablaba con coherencia que por lo general es como más me lo noto,  porque de un tiempo a esta parte mis hipos se han vuelto totalmente asintomáticas en cuanto a los síntomas más habituales..

Como esos 34 no me gustaban mucho, y los sobres de glucosa estaban otra vez jugando al escondite (la madre que los parió) allí que volvió la yonki con sus azucarillos a vueltas y a falta de uno, dos que me comí intentando mantener una calma que, desde aquí os digo, no sentía en absoluto, pero cuando compartes habitación bastante difícil es lidiar con una bajada en picado como para tener que estar pendiente del susto que se lleva la persona de al lado…

Pues allí que estaba yo 15 minutos después pensando que eso había mejorado, incluso llegué a pensar que me podía haber pasado y que el segundo azucarillo quizá sobraba y dispositivo de punción en mano me volví a mirar los niveles y como ya os podréis imaginar por supuesto que había subido, a 38

 

En ese momento ya sí que noté todos los síntomas del enamoramiento, digo de la hipoglucemia y me temblaba hasta el flequillo (que por cierto no llevo) y saqué al triki que llevo dentro y allí arramplé con todo lo que tuviera hidratos en un radio de 2 metros (parece exagerado, pero la habitación del hotel de Varsovia era enorme..) Menos mal que mi triki aunque es un comilón sin control, también es un roñoso y un despistado y no se acordaba de que había minibar porque la broma me hubiera salido carita..

Al final conseguí estabilizarme en unos maravillosos 100 y pasar la noche sin más sobresaltos. Desde la cama de al lado creo que la opinión sería muy diferente.

Hipoglucemias aparte, retrasos en todos los aviones, multas por no saber cómo funcionan las cosas, lluvia y sol achicharrante, repetiría una y mil veces la experiencia, sin duda. Y nunca dejaría de viajar. Hasta a la mierda me iría siempre que no sea con Ryanair y que lleve glucosa en el bolsillo. (El azúcar y el sarcasmo ya lo llevo en la sangre de serie.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces


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