Como os prometí la semana pasada, en esta entrada os voy a contar lo que ha supuesto para mí mi primer viaje con un sistema flash de medición, en este caso con el Freestyle Libre de Abbott

Como ya comenté, antes de nada me fui a mi médico para que me hiciera el justificante para evitar problemas en el aeropuerto. No me hubiera gustado verme en la situación de tener que quitármelo para poder coger el avión. Si os soy sincera, no tengo muy claro que hubiera hecho, en teoría me lo hubiera arrancado, pero teniendo en cuenta lo que cuesta y lo difícil que para mí es conseguirlo al seguir en lista de espera, me alegra no haber tenido que tomar esa decisión.

En el aeropuerto saco todas las insulinas que llevo en diferentes bolsas de plástico transparente y las pongo en la bandeja junto con las tiras y las agujas. Siempre me da un poco de canguelo ése momento. Separarme de todo mi kit de diabetes me provoca un nervio en el estómago que hasta que no vuelven a estar en mi poder, se va convirtiendo en cierta angustia vital.

Con todo el kit ya en la bandeja me dispongo a pasar el arco de seguridad con la absoluta convicción de que iba a pitar.

Así que yo según pasé, en mi mente había oído que pitaba (al darme la vuelta no lo vi rojo, pero yo lo había oído y eso era lo que contaba)  con mi nervio calmado le enseño el brazo al policía que allí se encontraba y le digo “Seguro que he pitado por esto, no me lo puedo quitar. Es un…..” Policía: tranquila, no has pitado, puedes seguir. Yo: eh, esto, vale. Adiós. Manga a su posición original y corriendo a buscar la insulina a la bandeja.

Primer prueba superada. No pitaba el freestyle!!!! Iba tan convencida de que iba a tener que dar mil explicaciones y que iba a tener que decidir entre subir a la avión o quitármelo, que pasar tan fácil se me hizo hasta raro.

Podía irme a Budapest con mi bichito pegado al brazo 🙂

Viajar me pone muy nerviosa. Al final son muchas horas desde que salgo de casa hasta que llego a destino. Para que os hagáis una idea para volar a Budapest cogí el autobús a Madrid que salía a la 01:00 de la mañana y llegaba al aeropuerto sobre las 06.00. El avión salía a las 10.00 y la llegada prevista era sobre las 13.00 horas. Desde aquí os digo que no se cumplió ni uno de los horarios…

Noches en el autobús o viajando en coche que hacen que el dormir sea bastante complicado, ya me alteran bastante los niveles de azúcar.  A eso súmale el comer fuera de tu entorno y a horas que no siempre son las más adecuadas, el resultado es hiperglucemia segura. Eso sí, a mí se me pasa con soltar la maleta en destino. Lo que hace el relajarse.  

Este es uno de los motivos que me llevó a querer llevar de viaje al freestyle. Los nervios de los viajes hacen que al mirar en capilares vea resultados que, aun siendo reales, no valoran todas las circunstancias y sea difícil tomar decisiones.

El otro gran motivo es la tranquilidad. Saber las tendencias del azúcar cuando llevas kilómetros andados y no tienes intención de parar. Saber si tienes que corregir o no, porque ves que la flecha está cayendo en picado aunque estés en 200. Saber si tienes que comer algo antes de entrar en algún sitio donde no vas a poder tomar nada porque ni siquiera permiten el acceso de mochilas. Y sobre todo, saber que la persona que te acompaña en el viaje, va a estar bastante más tranquila.

El año pasado estuve en Polonia y una de las noches en Varsovia me encontraba un poco rara y al comprobar capilar apenas llegaba a 40. Directamente me comí un azucarillo que era lo que más a mano tenía en ese momento. Pero yo notaba que algo no iba bien. Al verme en el espejo ese blancor no era ni por asomo un color tranquilizante. Esperé un poco, volví a mirar y no es que no subiera, es que seguía bajando.

El no saber tendencia antes de ponerme insulina y no calcular bien del todo los hidratos me pusieron en una situación crítica.

Yo estoy acostumbrada, sé reaccionar, pero no llevo nada bien ver como la persona que está conmigo tiene miedo. No es un susto, no es un poco de canguelo o similar. No, es miedo porque esa persona ve que no coordinas, que no hablas con claridad que vas a peor.

Me he dado cuenta de que antes de que yo note síntomas de hipoglucemia físicos, lo primero que me falla es la coherencia en el habla. Es como estar un poco chispita. Me trabo mucho, no enlazo las frases y no acabo de decir lo que estoy intentando decir. Es como si me estuviera quedando literalmente sin pilas  y fuera a ralentí.

Desde hace tiempo, desde que noto que me pasa esto me miro el azúcar y no falla, ahí está la hipoglucemia silenciosa sin síntomas físicos.

Pues en este viaje todo eso ha cambiado y para bien.

El ver las tendencias y saber en qué nivel estaba de azúcar me llevó a tomar decisiones acertadas y sobre todo a tiempo.

Conclusión: viajar con medición continua ha sido el acierto de este año para mí. Me he sentido con total control sobre mi diabetes y esto me ha permitido disfrutar de forma mucho más relajada porque todo estaba bajo control. Y sobre todo he estado tranquila porque la persona que viajaba conmigo no ha pasado miedo.

El miedo es un mal compañero. Hace que puedas tomar decisiones erróneas. Pero cuando es propio, al menos sabes que está bajo tu control. Pero ver cómo alguien pasa miedo porque me ve mal a mí, es muy duro. Por eso lo tengo claro, al próximo viaje se viene el freestyle. Sobre cómo lo pueda conseguir, ya nos preocuparemos en septiembre.


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.
Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces

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