O al menos lo intento

Estoy feliz, con esto de que puedo salir a dar un paseo, como que las cosas ya se empiezan a ver de otro color.

Iba a poner que puedo salir todos los días, pero la verdad es que la suerte no me está acompañando mucho con este tema.

Parece que mi cuerpo y mi diabetes ya se habían acostumbrado a esto de no salir. A no moverse no, eso no se lo consiento, me he montado mi propio mini gimnasio en casa y a este sí que estoy yendo bastante.

Pero claro, a mí que me dicen que ya puedo salir y me faltó el tiempo. El sábado pasado me sentía como un toro en San Fermín saliendo de toriles. Me podía el ansia.

Mi odisea personal

Para empezar hice algo que mi estilo de vida me tiene prohibido y fue ponerme el despertador un día que no tengo que trabajar.

Por definición en mi idioma madrugar significa que sea el despertador y no mi cuerpo el que diga cuando hay que ponerse en pie, aunque sean las 12.00 del mediodía.

Así que sí, madrugué un sábado y no para trabajar.

Y no solo por el hecho de que me levantara el despertador, es que teniendo en cuenta que para las 10.00 como muy tarde había que estar de vuelta,  os podéis imaginar que motivación por salir había, y mucha.

El viernes pensé que quizá fuera recomendable prepararme las cosas, pero al final me dije que tampoco me iba a costar tanto. Menos mal que me puse el despertador a las 08.00 que si me descuido me dan las 10.00 en casa.

Hacía tanto que no salía que hubo un momento en que no sabía qué necesitaba, no recuerdo la cantidad de veces que me tuve que volver desde la puerta porque me dejaba algo.

Y no os penséis que me dejaba cosas prescindibles, es que en una de estas me di cuenta de que no llevaba nada para corregir hipoglucemias y en otra que ni la mascarilla llevaba.

Cuando digo que mi cuerpo se ha acostumbrado a esto, lo digo con toda la verdad de mi parte.

Por fin con todo preparado, consigo salir de casa. Solo me ha costado una hora y cuarto, aún me quedan 45 minutos, no es mucho pero los voy a aprovechar.

Con mi mejor sonrisa salgo de mi casa dispuesta a disfrutar de un tranquilo paseo.  Pero parece que todo Logroño ha pensado lo mismo y todos viven cerca de mi zona, porque yo no me he visto más gente en el parque que ese día.

Pues habrá que ejercitar la cadera para esquivar gente, no pasa nada, mi sonrisa enfundada en mi mascarilla sigue ahí, aunque no se vea, yo la siento y me reconforta.

Yo voy caminando tranquilamente, algún quiebro de cadera de vez en cuando, no hay que olvidar mantener la distancia social, no miro mucho para arriba porque el sol ya molesta y lo de las gafas de sol y la mascarilla ha sido imposible (no consigo que no se me empañen), siento la brisa en mi cara y todo me da igual.

De repente me empiezan a doler los empeines un poco. Vaya cosa rara si llevo apenas 10 minutos andando. Pienso que ya se me pasará, voy a aflojar un poco el paso a ver si va a ser que voy muy rápido.

La verdad es que empieza a ser algo más que molesto. Pero da igual, me quedan 30 minutos y no los quiero desaprovechar, así que no hay dolor que valga, para adelante.

A los 20 minutos se me subió la bola. A mí ya me daba la risa y todo. En serio que después de 20 minutos  caminando ¿se me ha subido una bola? Mi cuerpo se ha vuelto muy vago. No quiero pensar el día que tenga que volver al trabajo, se me va a colapsar.

Al menos la glucosa va en rango, no marca tendencia a la baja (he desayunado el doble por si acaso).

Ya decido moverme en dirección a casa que empiezan a doler mucho los empeines y la bola se resiste a volver a su lugar.

Llego en plazo, todo bien.

Me doy un masaje en la pierna, parece que la bola ya ha localizado donde tiene que estar. Después de quitarme las zapatillas los empeines se han relajado y no molestan. Me siento un poco en el sofá. Me siento bien, por fin he podido salir de casa.

Qué poco dura la alegría en la casa del pobre.

Efectivamente, llegó la hipoglucemia que no me esperaba. Con lo bien que se había portado durante el paseo.

Al menos eso me lo respetó, porque veo complicado con la mascarilla, los guantes y esquivando personas el poder corregir una hipoglucemia con la tranquilidad que a mí me gusta.

Pero bueno, estoy en casa, todo controlado.

He superado mi primer paseo después de dos meses en casa, con buena nota.

Y una mierda.

Ya os he dicho que mi cuerpo se ha vuelto vago. Pues se queda escaso el calificativa. No os hacéis a la idea de las agujetas con las que me levanté el domingo. Me dolía hasta el culo. No daba crédito.

¿Cómo es posible que caminando poco más de media hora acaba con los empeines doloridos, la bola a su bola y agujetas??????

Yo no me lo explico.

Bueno un poco sí. Es demasiado tiempo el que llevamos en casa y esto se nota.

Pero no todo pasa en sábado

El domingo ya paso de madrugar, si mi cuerpo quiere salir por la mañana se despertará, en caso contrario, habrá que salir por la tarde.

Pues va a ser que salimos por la tarde, cuerpo ha decidido esperar a las 10.00 para despejarse.

Día normal, todo controlado, glucosa en rango. Voy a preparar la ropa que me voy a poner. Me visto, ya oigo los aplausos. Es hora de salir. Vamos a mirar la glucemia.

Su puta madre! Otra hipoglucemia. Después de un día de lujo, todo súper bien controlado, ha esperado a la hora de salir para hacer de las suyas. Y no es de las flojas, no. Es de esas que no notas hasta que no estás muy muy abajo y te deja baldado.

Al final vuelta al uniforme de confinamiento (creo que hay gente que lo llama pijama). Ya saldré mañana.

Llega el lunes. Sol radiante. Empiezo a trabajar a las 08.00 así que levantarme a las 06.00 no lo contemplo. Saldré a la tarde.

El mundo se ha puesto en mi contra. Oigo los aplausos aunque me parece pronto. De hecho es pronto, faltan 5 minutos. ¿De dónde ha salido esa tormenta????

Si, se puso a llover como si no hubiera mañana. Esto es el colmo de la mala suerte. Me cambio. Uy parece que para. Me vuelvo a cambiar. Voy un momento al baño. ¿Por qué llueve otra vez??

Desisto. Yo me quedo en casa.

Menos mal que el martes ya pude salir y apenas tengo agujetas, pero si el sábado salí con ansia viva, no os hacéis  a la idea de cómo salí ayer. Bueno, seguro que sí, que estamos todos con ganas de volver a la calle.

Eso sí, por favor, hacedlo con la responsabilidad que tenemos que tener todos en esto momento. Que estos dos meses no se vayan a la basura. Han sido demasiado duros como para volver a empezar de cero.

Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

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Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces


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