Cuando vives con una ocupa invisible en el cuerpo conocida como diabetes y tu páncreas no funciona como debería (maldito vago) esto hace que muchas veces te sientas muy diferente al resto.

Una de las cosas más humanas que hay en esta vida, es querer sentirse integrado, no ser una nota discordante dentro de la armonía que supone la vida  y cuando tu cuerpo no funciona de forma estándar, puede resultar realmente complicado sobre todo porque en algo tan común como es el comer, siempre te miran, muchas veces por preocupación, muchas por falta de conocimiento y lo peor es que esas buenas intenciones (normalmente no hay maldad en estas cosas) son las que nos alejan de la tan ansiada normalidad.

En mi caso esto se vio muy acentuado durante esa horrible etapa de la vida conocida como adolescencia en que lo único que se tiene en mente es ser como todos los demás y hacer todo lo que hacen los demás (sí, mamá, si mis [email protected] se hubieran tirado por un puente, yo también lo habría hecho, ahora me atrevo a confirmártelo).

Afortunadamente, los años traen algo más que canas y arrugas, traen personalidad propia y mejores ideas y lo más importante, consciencia, y como a estas alturas de mi vida tengo bastante de todo, ya no estoy tan preocupada porque mi páncreas me haya sacado de lo estándar, a fin de cuentas, eso también me ha hecho una persona especial porque mis vivencias han estado marcadas por detalles que para la gente con un páncreas currante pasan desapercibidas.

El tener un punto de vista diferente en algo tan cotidiano como cenar con mi gente, realmente provoca situaciones divertidas.

 

Ejemplo sencillo de lo que digo:

  • Pidamos pizza para cenar

Como lo ven los demás, cómo lo ve mi páncreas.

Y cómo saben que de hacer números con la cabeza tengo el culo pelado, ya sabéis quién tiene que hacer las cuentas a la hora de pagar, ¿verdad?

 

Aunque al final mi páncreas no ha marcado mi manera de relacionarme con la gente (aunque me funcionara seguiría siendo una persona tímida y poco sociable) creo que una de las cosas más agradecidas que te puede pasar en cruzarte con alguien de páncreas no funcional en algún momento de la vida.

Para el resto del mundo puede que sea una lata oírnos, pero qué bien que sienta hablar con alguien de hidratos de carbono, de tipos de insulina, de agujas y lancetas, de glucómetros y un largo etc y que no te pongan una cara de estar hablando en sánscrito o en klingon. Por fin alguien que habla tu mismo idioma. Que entiende el concepto de raciones. Que si le dices bolo no piensa en ir a una discoteca a ver al famoso de turno de esa semana.  Y lo más importante para mí, entiendo lo que se siente cuando te ataca una hipoglucemia, personalmente, lo más difícil de hacer entender.

La primera persona con la que observé esto, fue una de esas situaciones de amigo de un amigo de un amigo y fue un momento de chiste. Para nosotros claro, porque sin apenas conocernos y casi sin saber nuestros nombres, en menos de media hora ya sabíamos el historial médico del otro. Nos dimos cuenta de lo surrealista de la situación, para los demás obviamente, cuando después de enseñarnos los cardenales por los pinchazos levantamos la vista y lo que vimos fue algo muy similar a esto:

 

 

Entonces te das cuenta de que por mucho que nos escuchen y  nos quieran, al final con quién mejor nos entendemos en con “uno de los nuestros”.

¿Y que me decís de ir por la calle y ver a alguien que lleva un dispositivo de medición continua? A la niña del exorcista le falta giro en el cuello comparado conmigo.

Cuando estuve en Polonia hace un mes (os dejo aquí el enlace a la entrada que hice al respecto por si os apetece curiosear) me sentí como una grupi siguiendo a su ídolo. Estábamos sentados tomando una cerveza y de repente veo un brazo con el libre ahí pegado. Aquí la gente normal  puede hacer dos cosas, o bien lo deja estar o bien se acerca y habla con esa persona. Luego estoy yo (ya os dije que soy una persona muy especial, jaja) que se queda mirando como la vaca al tren y se mira el azúcar a ver si por casualidad, desde la distancia, lo ve y viene él a hablar conmigo. Todo muy normal… Y no me bastó con eso, que va, porque coincidimos en otro sitio (el destino quería que hablase con él) y nuevamente, me puse a hablar de hipoglucemias pero como lo del tono alto lo dejo para casa, no me oyó ni de coña. Perdí mi oportunidad L

¿Y cuando encuentras  alguna tira en algún sitio tirada sabiendo que no es tuya ¿(eso lo sabes porque es de otra marca)  Ni el perro de rastreator se pone tan alerta como yo.

No estamos solos en esto. Muchas veces he sentido que era la única persona en la tierra con el páncreas externalizado por eso cada vez que veo algo me “emociono” y hago cosas como las que os he contado porque sinceramente,  me he sentido muy muy sola durante mucho tiempo.

 

Afortunadamente, a día de hoy,  tengo muchísima suerte, a una de mis mejores amigas le dejó de funcionar el páncreas hace uno 9 años. Ojalá no hubiera sido así, esto no es plato de gusto de nadie, pero le pasó y ahí vi un aspecto nuevo de la diabetes. La mía lleva conmigo desde los 13 años, pero ella ya estaba en su treintena cuando debutó y la verdad es que no tiene mucho que ver cómo se afronta con una edad y con otra. Pero de ella os hablaré en otro momento, largo y tendido, en otra entrada (cómo me gusta esto de la intriga).

También me siento afortunada porque en las redes sociales he encontrado mucha gente que comparte todas estas inquietudes que llevan años habitando en mi cabeza y como se agradece.

Me llena de ternura ver a madres y padres que luchan con sus pequeños guerreros. Me recuerda tanto a los míos y a mis DT3.

O ver gente que supera cada día retos personales que son enormes y llevan una vida plena.

 

Porque no dejéis que nadie os engañe, podemos comer de todo (menos veneno y galletas con veneno, claro está) y podemos hacer todo. Y no olvidéis que no estamos solos.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces

 

 


2 commentarios

Océanos Profundos · 12 julio, 2018 a las 14:21

Soy yo, soy yo. La del debut en la vejez, soy yo (^_^). (Iconito de la muñeca con la mano levantada). Por cierto he utilizado un Excel para calcular el importe, que lo sepas

    LadyBlue · 12 julio, 2018 a las 20:28

    Ole mi niña!! Ya sabes que tenemos pendiente una conversación para que te conozcan por aquí 🙂
    Risas aseguradas a cascoporro

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