Pues ya que el Pisuerga pasa por Valladolid…

Teniendo en cuenta la situación nueva que estamos viviendo (recordemos que es nueva para nosotros pero no para la historia, no es la primera pandemia ni será la última) creo que es un buen momento para pararse a pensar un poco y con la calma que nos da el estar todo el día en casa.

Yo soy de mucho pensar aunque no suela llegar a conclusiones vitales, pero me gusta lo de darle vueltas a esta cabecita mía sólo por el hecho de tenerla entretenida y que no se dedique a pensar por ella misma que eso tiene más peligro.

Cuando observo desde mi ventana la vida en este momento creo que hay una palabra que resume todo esto a la perfección, y esa palabra no es otra que adaptación.

Porque si algo hemos conseguido ha sido adaptarnos a unas circunstancias que han supuesto un giro de 180 grados para todos.

Hoy echamos de menos como, hace nada, nos daba el viento en la cara. Hasta algo tan cotidiano, a día de hoy se ha convertido en algo importante.

Pero a pesar de que el viento solo lo podemos sentir desde nuestras ventanas, nos hemos adaptado a ello.

Y no sólo nos hemos adaptado a nivel individual, también lo ha hecho de manera global nuestro estilo de vida.

Yo por ejemplo nunca pensé que trabajaría desde el salón de mi casa. Sin estar rodeada de otras 50 personas y sin el contacto con mis compañeros en el día a día. Y también me he adaptado a eso.

Nunca pensé que la compra se podría hacer en 15 minutos y creo que, poco más tiempo dedicamos a estar en el supermercado.

Y mucho menos iba a pensar que seríamos capaces de respetar escrupulosamente una fila y esperar con paciencia. Eso de “antes de entrar dejen salir” ahora se cumple a rajatabla.

Para los niños no tengo palabras. 5 semanas de confinamiento y yendo a clase desde el salón y aguantando sin ver la calle me parece loable tanto por lo bien que lo están llevando. Como por todos esos padres que se ven desbordados en muchos momentos, pero ahí siguen al pie del cañón, muchas veces tele trabajando mientras hacen de padres y de profesores todo sin salir de casa.

… vamos a aprovechar la coyuntura

Viendo todos estos ejemplos (hay muchos más) yo me planteo sino es el momento de darle una oportunidad a la tele-medicina.

Se han dado circunstancias idóneas para que se pueda al menos intentar.

En el caso de la diabetes, estamos en los grupos de riesgo pero también tenemos una enfermedad crónica que requiere de las consultas del especialista.

Pues personalmente la opción perfecta la veo poder hablar con mi médico sin necesidad de ir allí. En lugar de cancelar consultas o llenar salas de espera en un momento en que las aglomeraciones de personas suponen un peligro real, ¿no sería mejor adaptarnos también a esto?

Voy a hablar desde mi experiencia, que tengo el convencimiento de que muchos de vosotros tenéis la misma.

Tengo un teléfono con el que puedo hablar con mi médico, tengo un sinfín de aplicaciones con las que hacer vídeo llamadas. Nada de esto me supone un esfuerzo o un coste adicional. Solo añadir un número más a la agenda, el del médico y ni siquiera sería algo obligatorio.

Soy de las afortunadas que tiene el Freestyle financiado. Aquí en La Rioja, tienes que descargar los datos a través de LibreView obligatoriamente y cuando te registras tienes que incluir el código del hospital, por lo que pueden ver mis gráficas en cualquier momento.

Pero no siempre he tenido el Freestyle, y tampoco es un problema, porque registro los datos en una aplicación que me permite generar informes que puedo enviar por email. Yo soy fan incondicional de Social Diabetes y los informes son muy completos.  Y existen muchas otras que también lo hacen, así que otro paso hacia adelante.

En este momento, la parte de los análisis no la veo imprescindible, pero a futuro lo único que tendrías que hacer es pasar por el centro de salud para hacer los análisis. Si te hace ilusión tenerlos, que te los envíe por email, no hay mayor problema.

La cuestión es que para la diabetes, lo veo viable e incluso recomendable, eso sí, requiere adaptación y por supuesto compromiso por parte del paciente.  Compromiso de atender la llamada de tu médico, de enviarle los datos antes de la consulta, de tener delante esos datos y compromiso con tu verdad. Engañar al médico es fácil (experiencia me sobra) pero a tu cuerpo no le mientes así como así, ten por cuenta que las mentiras tienen las patas cortas y en diabetes incluso más.

Asumo  que este modelo de consulta no es ni mucho menos,  para todo el mundo. Yo me lo planteo como algo voluntario y siempre que la evolución del paciente sea favorable.

Pero ya que estamos demostrando que podemos adaptarnos, creo que dar un paso más allá no estaría de más.

¿Vosotros que opináis? ¿Os apuntáis a la tele medicina?

Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

También podéis compartir que es gratis y así llevamos la diabetes más lejos (tenéis los botoncitos por aquí para que sea más fácil 😉

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces


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