Si es la primera vez que pasas por aquí y aún no conoces a la guerrera azul Mimi y a la aprendiz de princesa te invito a conocerlas un poquito mejor.

Un año después de la diabetes

Ha pasado un año un nuestra aprendiz de princesa va aprendiendo y haciéndose a lo que para ella sigue siendo una nueva vida.

Apenas un año y medio después del diagnóstico ha aprendido a hacerse ella sola los controles capilares y prepararse las inyecciones para ponerse las insulinas (aún no han llegado a su vida los bolígrafos de insulina)

Nuevamente tiene problemas para dormir. Una noche más se ha levantado a beber agua, no tiene sed, pero tiene miedo de despertar a su hermana con todas las vueltas que está dando.

Al llegar a la cocina ve un reflejo azul que ya se va haciendo familiar.

  • Hola Mimi. Pareces el anuncio de “El almendro” de vuelta a casa por Navidad.
  • Yo también me alegro de verte Marta.
  • No te esperaba, hacía mucho que no te veía. Eso es porque estoy haciendo las cosas que me mandan, no te creas. Sigue siendo una mierda, pero al menos me dejan un poco en paz cuando les hago caso
  • Entonces, dime ¿Por qué no duermes?

La aprendiz se enfada consigo mismo, pensaba que no se le notaba. Pero por dentro tenía miedo, mucho miedo, pero no lo iba a confesar a la primera, eso seguro.

  • Yo que sé, será por los exámenes. Ya no es por el turrón, eso ya lo hablamos el año pasado. Por cierto, no te creas que soy tonta, vi que te aguantabas la risa cuando te lo dije. – En su tono se notaba una mezcla entre enfado y decepción. Le gustaban aquellas visitas pero le dolían ciertas verdades.
  • Lo siento, no era mi intención. Sé que era importante para ti. Pero entiende que ya veo las cosas de otra manera y sé que tú también lo harás.
  • No te jode, somos la misma persona, claro que lo sabes, juegas con ventaja y eso me parece injusto.

Era difícil aguantar la risa.

Verla tan frágil le partía el corazón, sabía que era fuerte, cómo no iba a saberlo, pero lo había aprendido con el tiempo y para la aprendiz ese tiempo aún no había pasado.

Sabía bien que le costaba expresarse, ella prefería el papel a la palabra y el diario que escondía bajo llave era testigo de ello. Pero si estaba allí era porque algo la había llamado y porque la necesitaba. Y más que nada necesitaba hablar, aunque fuera consigo misma.

Entonces a bocajarro y sin anestesia se lo dijo:

  • Tengo miedo Mimi
  • ¿Y eso? Con lo valiente que tú eres
  • Si te vas a reír de mí no te lo cuento.  Una mirada despectiva se asomó en sus ojos asustados.
  • No me estoy riendo de ti. Quizá ahora no lo veas, pero eres valiente y deberías mirarte con mejores ojos, eres bastante cruel contigo misma y con tus sentimientos. Te da miedo mostrar debilidad, pero eso no te hace menos fuerte, al revés, muestras la valentía de asumir lo que llevas dentro.
  • Supongo que lo que me acabas de decir es bueno, la verdad es que te enredas mucho y no te acabo de entender muchas veces. La gente mayor habláis así, no te lo tomes a mal.
  • La madre que nos parió, es que no tienes un pelo en la lengua. No recordaba que  la falta de filtros viniera de tan lejos.
  • Mira que eres rara, de verdad. ¿Quieres que te lo cuente o no?– Su necesidad de hablar con ella se volvía apremiante, una vez que había empezado sentía la necesidad de contarle sus temores.
  • Vale, cuéntame, ¿qué te asusta y no te deja dormir bien?
  • Me dan miedo dos cosas. Bajó la cabeza y calló. Sus palabras se atascaban, quería decirlo pero le seguía costando.
  • Es normal tener miedo, yo también lo tengo. ¿Me quieres contar qué son esas dos cosas?

Seguía trabándose pero al final explotó:

  • Pues que me voy a quedar ciega y me van a cortar los pies.

La cara de Mimi palideció al instante. No por lo que le acaba de decir. La falta de color se debía a que había olvidado aquel pánico que la persiguió tanto tiempo. Es lo malo de la desinformación, siembra en tu mente ideas que echan raíces y que son regadas por comentarios carentes de fundamento.

Iba a ser difícil explicarle aquello. No podía decirle nada de su futuro, pero tampoco podía dejarla así. El miedo crece rápido y se hace fuerte en tierra fértil y su mente entonces lo era.

  • ¿Por qué piensas eso?
  • Me lo dicen mucho, que tengo que tener el azúcar entre 70 y 120 o me quedaré ciega y me cortarán los pies. Y llevo varios días que incluso he llegado a 200. En breve vamos al médico, pero quizá sea tarde y me haya quedado ya ciega. – Las palabras brotaban nerviosas de sus labios temblorosos.
  • Ay mi niña. Eso no es así.
  • ¿Cómo qué no? La interrumpió casi sin poder contener el grito.- Si hasta el médico me lo ha dicho.
  • Claro que te lo ha dicho, pero no con esas palabras ni con ese significado. La diabetes es una enfermedad crónica y la vamos a tener siempre. Si no nos cuidamos cada día, los fallos se van acumulando, por decirlo de manera sencilla, y existen riesgos, entre ellos problemas en la vista o en los pies. Pero no significa que vaya a pasar seguro.
  • No lo entiendo.
  • Te pongo un ejemplo. Cuando cruzas la calle siempre existe una posibilidad de que pueda pasar un coche y que te atropelle. Si pasas por un paso de peatones y con el semáforo en verde, esa probabilidad es baja. Si pasas por en medio de la autovía en hora punta, pues es más fácil que te lleve un coche por delante.
  • Entonces ¿es mentira lo que me han dicho?
  • Tampoco. No es verdad ni mentira. Es una posibilidad que debes conocer y tener en cuenta. Pero  no pensar que una cifra mala te va a dejar ciega. Eso es un tanto extremo.
  • Jo, Mimi, no me aclaro con todo esto. Estoy haciendo lo que me dicen porque no quiero que me pasen esas cosas. Pero si no me  van a pasar
  • Yo no he dicho eso. – la interrumpió Mimi. Te puede pasar. No pienses que eres inmune, pero no puedes vivir pensando que es un futuro cierto para ti.
  • Entonces ¿qué hago? Me agota estar todo el día con la diabetes en la cabeza.
  • Pues eso mismo, sacarla de tu cabeza al menos de vez en cuando. Piensa en los buenos resultados como en premios a tu esfuerzo y cuando haya malos resultados, piensa qué los ha podido provocar, así sabrás lo que es mejor evitar.
  • Si no como dulces!!! ¿Por qué se me sube el azúcar entonces?
  • Por respirar Marta, hasta por respirar. Dijo resignada la guerrera. Aprenderás muchas cosas que serán la respuesta a esta pregunta, pero ya sabes que tienes que esperar. Yo sólo quiero que puedas dormir y que no pienses que si tienes un mal resultado te van a amputar un pie.
  • ¿Aprenderé a llevar esto Mimi?
  • Ya sabes que no te puedo contar lo que te va a pasar, pero si te puedo decir que tengas paciencia, la vida es cuestión de tiempo y aún tienes que vivirla.

Intentó disimular un bostezo pero no lo consiguió.

  • Anda, dame un abrazo y vuelve a la cama.
  • De verdad que no sé muy bien si me ayudas o no, pero gracias por venir.

La guerrera, como siempre, se fue en busca de su unicornio para volver al mundo de fantasía al que pertenecía. Los viajes al pasado le dolían mucho, mirar de frente a sus sentimientos con los ojos de adulta era duro, pero también era necesario para ambas.


Y con este cuento de Navidad me despido hasta el año que viene ya que este año haré parón vacacional hasta la primera semana de enero
Os deseo unas felices fiestas y que disfruteis de la vida y de todo lo que bueno que tiene, que es mucho.

feliz navidad

Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × cuatro =