Esta semana tenía pensado escribir acerca del término de “Diabetes tipo 3” y hablaros acerca de mi madre, que al igual que yo, lleva más de 25 años con diabetes, pero he pensado que lo voy a dejar para la semana que viene y aprovechando que este domingo es el día de la madre, voy a dedicarle esta entrada exclusivamente a ella.

Desde el día que debuté, ha estado a mi lado, ha sido, es y será la persona con la que he aprendido, reído, llorado y sufrido mi día a día(bético) y nunca le podré agradecer todo lo que ha hecho por mí.

Si tuviera que decir cuáles han sido  los peores momentos, los tengo clarísimos:

  • Cuando me tuvo que explicar que esto de la diabetes era para siempre.
  • Cuando me confesó entre lágrimas lo mucho que había llorado durante los 30 días que estuve en el hospital deseando ser ella la que estuviera en la cama en lugar de ser yo.
  • La primera hipoglucemia en la que perdí la consciencia. No estábamos en Logroño y de lo poco que recuerdo del viaje en coche era ir atrás tumbada apoyada en su regazo pidiéndole a mi padre que se diera más prisa. Estábamos en el pueblo a unos 30 km de Logroño y allí dejaron a mis hermanas sin tan siquiera pensar en con quién bajarían después.

El valor de mi madre no tiene medida y su amor hacia mí tampoco. La diabetes nos ha separado tantas veces como nos ha unido. Esperas interminables antes de las revisiones con el endocrino en las que ella estaba deseando saber los resultados de mi evolución y yo callaba mientras esperábamos porque ya sabía que no iban a ser buenos .

Controles a las 3 de la mañana para los que ella se ponía el despertador y encendiendo la luz del pasillo entraba en mi habitación para medirme el azúcar intentando no interrumpir mi sueño más de lo necesario.

Notar una mano en la cara mientras dormía porque me había visto con cara rara antes de irme a dormir y quería asegurarse de que estaba bien. Menudos bufidos le daba por despertarme…

El miedo antes de mi primer viaje haciendo noche fuera. Explicarle a mis amigas cómo había que ponerme el glucagón si me quedaba inconsciente.

Tengo tantas historias así que podría escribir un libro y aun así me faltarían páginas y anécdotas.

Es toda una vida cuidando de mí, avanzando conmigo, aprendiendo juntas, riñendo porque nuestro concepto de estar bien era diferente, ella quería que tuviera bien el azúcar y yo quería ser una adolescente al uso. Cuantas cosas en este largo camino, ¿Verdad, mamá?

Ahora en la edad madura, soy más consciente que nunca de todo lo que has hecho y por todo ello quiero darte las gracias porque has  sido mi guía y mi faro en esto de no tener un páncreas funcional y a pesar de que muchas veces elegí el camino equivocado, siempre has estado ahí y lo sigues estando.

Han cambiado un poco las cosas, ahora soy yo la que te enseña a ti para que puedas ayudar a papá que es un poco cabezón y no lleva muy bien su diabetes tipo 2. Es mi pequeño grano de arena tratando de devolverte todos tus esfuerzos.

Quiero que sepas que tu sufrimiento no ha sido en vano, me ha costado, pero ahora lo entiendo bien, el amor de madre es más fuerte que ningún otro y entre lágrimas te pido perdón por no haberlo visto siempre así.

 

Nuevamente gracias mamá. Eres la mejor. Y aunque yo no sepa lo que es ser madre, sí que sé lo que es tener la mejor madre del mundo porque te tengo a ti.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


2 commentarios

Leticia · 22 mayo, 2018 a las 21:46

Wow!!! Tu estará orgullosisima de ti. Precioso.
Ojalá mi hija siento lo mismo cuando sea adulta y me sepa perdonar los errores que cometo o cometeré por culpa de esta okupa.

    LadyBlue · 26 mayo, 2018 a las 09:03

    Leticia, no tenemos nada que perdonaros. De corazón te digo que sois nuestro pilar fundamental.
    Dicen que en la diabetes hay 3 pilares: insulina, deporte y alimentación. Pero se olvidan de las madres, para mí el más importante.
    Nos tenéis que perdonar vosotras a [email protected] porque muchas veces os haremos sufrir y no sabremos pedir perdón.
    Mucho ánimo en la lucha y a ganar batallas cada día.

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