Mimi

Había una vez una niña grande o quizá una pequeña adolescente, aún está en esa edad en que las cosas no están claramente definidas, que soñaba con ser una princesa como las de los cuentos que ya apenas leía.

Un día nuestra aprendiz de princesa empezó a perder mucho peso, a beber mucha agua, a ir mucho al baño (no se podría quedar con toda esa agua en el cuerpo) y sobre todo se le agrió el carácter.

Nunca había sido una niña extrovertida, pero su timidez se había tornado en un humor sombrío  que la acompañaba como una nube negra sobre su cabecita despistada.

Algo no iba bien. Ella lo notaba y sus padres también. Al día siguiente iría al médico. Esa noche no  fue fácil dormir. Nervios. Agitación. Sensaciones extrañas la invadían a esta aprendiz de princesa.

Tenía miedo.

Todas las noches eran especialmente difíciles para dormir, aunque esa lo era un poco más. No aguantaba la sed ni las ganas de ir al baño. Dormir una hora seguida era un gran logro para ella.

Serían cerca de las 3 de la mañana cuando después de ir al baño se fue a la cocina a por otra botella de agua (los vasos se le quedaban muy escasos).

cocina mimi agua

Con sorpresa vio al entrar en la cocina que había lo que a ella le parecía una señora viejuna que le ofrecía una botella de agua.

No se fiaba mucho, pero la sed era más fuerte que su miedo así que cogió la botella y de un trago la dejó casi vacía. Lo necesitaba.

Casi saciada su sed, rascándose los ojos se dio cuenta de que había alguien en su casa que no conocía.

Aunque no era muy sociable, la curiosidad le podía, así que se puso a hablar con ella a pesar de las reticencias.

  • ¿Quién eres? – le preguntó nuestra pequeña aprendiz.
  • Veo que lo de ser directa es lo tuyo. No te andas con muchos rodeos. No te puedo decir quién soy, pero me puedes llamar Mimi. – le respondió la desconocida aunque notaba algo en ella que le resultaba familiar aunque extraño a la vez.
  • Vaya nombre raro, pero bueno, es el tuyo. No me gustaría llamarme así. ¿Qué haces aquí?
  • He venido a hablar contigo.(No podía evitar sonreír llena de ternura viéndola tan flaquita y demacrada)
  • ¿??¿?? A estas horas. Menos mal que no duermo bien. Porque si me hubieras despertado me habría enfadado bastante. El recelo en sus ojos somnolientos era evidente, pero era curiosa por naturaleza.
  • Lo sé. Lo de dormir está complicado, ¿verdad?
  • Bastante.
  • No eres muy habladora, ¿eh? Una mirada cómplice se adivinaba en la desconocida.
  • Estoy cansada. Además no te conozco. Y la que vino a hablar eres tú.
  • Razón llevas. Me encanta lo directa que eres. No pudo evitar una pequeña carcajada.
  • Eso ya me lo dijiste. ¿Qué me quieres decir? Se sentía muy extraña hablando con ella sobre todo porque sabía que esa risa la había oído antes pero no era capaz de recordar dónde.
  • Es un poco delicado, pero veo que te gustan las cosas directas así que
  • No te enrolles tanto, es tarde y tengo sueño. Le interrumpió nuestra aprendiz de manera brusca.  Espera voy al baño.

bebiendo agua mimiDespués de otra visita al baño, ya había perdido la cuenta, volvió a la cocina. Curiosidad y sed invadían su cuerpecito.

  • Ya estoy. Gracias por el agua, la necesitaba. Dime.

Con voz pausada y un extraño brillo en los ojos Mimi empezó a hablar:

  • Mañana va a ser un día importante en tu vida. Va a haber muchos cambios y te espera un camino muy largo por delante. Va a haber muchas piedras. Te vas a caer y te va a tocar rehacerte muchas veces.
  • Me da mí que me la estás contando. Yo sólo quiero dormir un poco. ¿Me acercas el agua? La interrumpió la pequeña.

Mimi la notaba nerviosa, sabía que lo estaba. Había ido hasta allí para hablar con ella y calmarla un poco pero estaba consiguiendo todo lo contrario. A diferencia de nuestra aprendiz, Mimi si conocía a la pequeña y la conocía bien. Por eso sabía lo difícil que iba a ser. Ponerse a la defensiva era algo innato.

  • La verdad es que sí, te la estoy contando y a base de bien, pero aunque no te puedo decir el motivo, solo quiero que sepas que lo negro se acaba volviendo gris y que el tiempo te ayudará a poner todo en su sitio. Es normal perderse pero siempre hay caminos. En tu mano estará elegir con mayor o menor acierto. Sé que ahora quieres ser una princesa pero no olvides que las princesas también pueden ser guerreras y que la fuerza  no te la van a dar lo demás por mucho que la busques en ellos. Al final eres tú y tus circunstancias y tú vas a tener que tirar hacia adelante porque nadie va a hacerlo por ti. Asume que tus errores son tuyos. Nadie te pone la zancadilla. Caes pero sólo tú te puedes levantar.

En este momento la aprendiz no sabía ni qué hacer ni qué decir. Había una loca en su cocina que le estaba diciendo una serie de cosas que no entendía y para colmo necesitaba ir al baño otra vez. Así que se volvió hacia ella y le dijo:

  • Me marcho a dormir, no sé quién eres ni qué quieres. Me has dicho una sarta de tonterías sin pies ni cabeza y yo solo quiero ir al baño y dormir. Supongo que si has sabido entrar sabrás salir. Adiós.

Y así salió dejando a Mimi sola en la cocina. En sus ojos una lágrima asomaba y en sus labios una frase susurrada: “Mañana lo entenderás todo”

Al día siguiente por la tarde, como había dicho Mimi, todo cambió. Una nueva palabra se incorporó al vocabulario de la niña: diabetes. Debut lo llamaron.

Esa noche en el hospital sólo un pensamiento: “Era yo. Mimi soy yo pero más mayor. Sabía que me sonaba esa risa”.

mimi la princesa guerrera


**Si os ha gustado la historia de Mimi, no tenéis más que decírmelo y le iremos creando un hueco en el blog.


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


0 commentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 − 1 =