O lo que pasa cuando nos quedamos en el título

Hace unos días me enteré de una gran noticia que afecta a mi vida personal.

Redoble de tambor: me he casado.

Una vez os recompongáis de la noticia, a mí también me costó un poco, sólo puedo decir una cosa ante tal evento y es que a alguien se le olvidó invitarme. La verdad es que hubiera sido todo un detalle contar con mi presencia y mi opinión al respecto.

Sabéis que vivo en una ciudad pequeña y aquí las cosas funcionan en base a rumores infundados por lo que cuando me dieron la enhorabuena en ningún momento se me pasó por la cabeza que pudiera tener algo que ver con el blog.

Pero sí, así fue. El blog tuvo la culpa.

Ya sabéis que la sección de Diabetes for dummies estoy tratando conceptos que para la gente que vivimos inmersas en el mundo diabetes tenemos totalmente asimilados y que con mis palabras intento hacer llegar a gente que no vive la diabetes en su día a día.

Lo que menos me esperaba es que al hablar de la luna de miel, se pudieran pensar que me había casado o, como también fue el caso, que no escribiera yo el blog.

Normalmente si ves un “titular” que llama tu atención, leer el contenido con ansia viva es el siguiente paso. Un clickbait de libro, vamos.

En ningún caso se me ocurrió pensar al escribir esa entrada que alguien pensara que me había casado y mucho menos se me pasó por la cabeza que alguien que me conociera y leyera el título, pensara que me ha casado y no siguiera leyendo.

Lo malo de ser yo es que mi cabecita tiende hacia una lógica que cada día me parece menos extendida.

Después de dejarme de reír con esta situación (admito que me costó un rato) me paré a pensar de lo peligroso que es quedarse en un bonito titular y no continuar leyendo.

Vivimos en un momento en que el acceso a la información es tan sencillo como hacer un clic de ratón y ya tenemos cantidades ingentes de información entre la que elegir.

Entre toda esa información, evidentemente, elegiremos la que tenga un titular más llamativo en cuanto al tema que buscamos. Pero ¿de qué calidad será esa información? ¿Seremos capaces de leer algo  más que el primer párrafo? ¿Sabremos mirar la fuente de esa información para ver si es fiable?

Son muchas las preguntas que hay que hacerse antes de hacer ese clic y muchas veces no las tenemos en cuenta y acabamos con información, cuanto menos confusa, en nuestras manos.

En el tema de la diabetes es muy fácil encontrar la cura de la diabetes en cuanto le preguntamos al Dr. Google. Si no os lo creéis, haced la prueba.

YouTube está lleno de remedios caseros para la cura de la diabetes, en su momento ya os comenté un vídeo que me llamó poderosamente la atención.

Webs que encentras bajo nombres que parecen científicos hablando de la cura y de cómo nos engañan las farmacéuticas porque lo que quieren es vender insulina…

Mensajes de spam que llegan a nuestros correos con la solución a todos nuestros problemas (no, no hablo de los del viagra a buen precio).

Incluso mensajes a través de las redes sociales de gente que no conoces de nada y que te intenta vender que ha curado su diabetes con un método revolucionario y tiene la osadía de intentar ofrecértelo.

El caso es que hay mucha información en nuestra mano, pero muchas veces no sabemos cómo filtrarla y ahí es donde más deberíamos trabajar.

¿Receta para esto?

Pues no voy a mentir, yo no la tengo, es más, me leo los correos que me llegan de spam en los que hablan de la cura de la diabetes. No os alarméis, no creo que vaya a encontrar la cura en ellos, eso es algo que tengo más que claro, es por las risas. De verdad que dicen tal cantidad de absurdeces que solo me lo puedo tomar con humor.

De hecho mi compañero de trabajo cuando recibimos alguno, me avisa porque sabe que voy a estar un buen rato llorando de la risa. Hasta él que tiene unos conocimientos limitados del tema, se ríe conmigo y es capaz de ver que no es más que una sarta de tonterías.

Pero sí que aplico unos filtros personales a la información que no me van mal, aunque no son infalibles.

  • Si pone la palabra cura, se va a la basura.
  • Si llevan mayúsculas y colorines, se convierten en chistes.
  • Si  es demasiado bueno, difícilmente será verdad.
  • Si es contrario a lo que es mi día a día, que se lo aplique su tía.
  • Si tiene muchas faltas de ortografía, desconfía.
  • No te quedes en el titular, hasta el final hay que llegar.
  • Si tiene algo de credibilidad, habrá que investigar.
  • Revisa las fuentes, no todas son potables.
  • Y sobre todo piensa con la cabeza, los pies están para caminar.

Todos queremos que esto sea más fácil, yo la primera, no os quepa duda de ello, soy vaya por definición y despistada por naturaleza, me gustan las cosas sencillas y esto no lo es.

Pero sobre todo pienso que no hay motivo alguno para que, habiendo un método alternativo y al menos igual de eficaz que el tratamiento actual, a nadie se le hubiera escapado en algún momento y digo yo que me habría enterado ya y lo estaría utilizando.

Afortunadamente no soy una persona tendente a la ofensa fácil, soy más de reírme de todo porque si lo pienso fríamente, que alguien me intente vender la burra con un remedio sencillo, porque el que uso actualmente no es el mejor, es prácticamente un insulto a mi inteligencia.

Y como dice la vecina rubia, soy rubia con pelazo y con cerebro debajo.


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

También podéis compartir que es gratis y así llevamos la diabetes más lejos (tenéis los botoncitos por aquí para que sea más fácil 😉

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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