Cuando os hablé de los súper poderes que me ha dado la diabetes, os comentaba que uno de ellos era el de Dr. House.

Para quien no recuerde, o directamente no conozca esta serie, el argumento era básicamente el de un médico que hacía diagnósticos.

No sé si a vosotros os pasa, que en cuanto una persona tiene algún problema con los niveles de glucosa en sangre vuestro teléfono suena. Ahora que lo pienso  con detenimiento, me doy cuenta de que me ha pasado en más ocasiones de las que era consciente antes de meditarlo.

Yo no soy quien para dar un diagnóstico, y evidentemente no lo hago, pero mis años de experiencia en diabetes me han dado alguna que otra tabla para al menos tranquilizar a alguien con una duda existencial.

La conversación siempre tiene un patrón similar:

  • Me ha salido en unos análisis el azúcar alto. ¿Tú  crees que es diabetes?
  • ¿Bebes mucha agua, meas mucho, comes mucho, has perdido mucho peso?
  • No. Pero tengo el azúcar algo ¿Eso es diabetes?
  • De tipo 1 no lo creo, pero eso mejor te lo dice el médico ¿no?
  • Si ya me he dicho que no, pero es que tengo el azúcar alto.

A partir de ahí los derroteros de la conversación pueden variar (o desvariar) bastante, pero al final lo que busca esa persona es que alguien que lo vive en carne propia le reconforte de alguna manera y le diga que NO es diabetes esa cifra alterada en unos análisis.

Por lo general muestran un gran alivio y te lo expresan con la frase de:

  • Menos mal que me dices esto, porque estaba acojonada.

Espero que sigan leyendo cuando les recuerdo que el diagnóstico se lo tiene que dar un médico y no yo, que lo único que le he dicho es que no encaja con los síntomas de la diabetes tipo 1.

Eso busca esa persona, claro está, pero yo cuando acabo estas conversaciones siempre me quedo con una duda en el alma que se enraíza bastante hondo:

¿Tan horrible se ve desde fuera la vida con diabetes?

Yo no recuerdo lo que es una vida sin ella por lo que no tengo muy claro qué es lo que se ve y sobre todo, qué es tan horrible.

Me gusta pensar que llevo una vida normal con adaptaciones, sobre todo a la hora de comer. Sí que me veo un poco limitada en lo que supone improvisar un día a día, pero ya me ocupo yo de que no me falte de nada para que, si surge algo, la diabetes no sea un impedimento.

Como cualquier otra persona tengo mis aficiones, mi trabajo, mi gente, en fin, una vida común en la que hay pinchazos, pero por lo demás,  es que no le veo yo tanto reparo.

Será que al final, después de tantos años no entiendo mi día a día de otra manera.

Pero sí que me afecta en cierta manera ver que la gente ve la diabetes casi como si fuera el fin de su mundo. Que, a pesar de que lo es, es el fin de un mundo sin agujas, la vida sigue con diabetes y el mundo no se para por ella.

Y ahí es donde yo veo que está el quid de la cuestión y el motivo del pánico hacia la diabetes y son las agujas.

Sinceramente me impactó bastante más el que me dijeran que me tenía que pinchar que el hecho de que fuera algo para toda la vida.

La diabetes es agresiva ya que te exige hacerte heridas a diario para poder seguir viviendo y tanto cuando la vives en tus carnes como cuando no,  eso impacta mucho. Ver a alguien pinchándose es algo que siempre impacta, no nos vamos a mentir y al final eso es lo que entra por los ojos en el caso de diabetes.

Cuando estás dentro, llegas a entender que los pinchazos son un trámite y que ni de lejos es la parte más complicada de la diabetes en el día a día, pero cuando no ves más que la parte de las agujas, es normal que exista un miedo a la diabetes a nivel físico.

Por eso creo que la gente respira tranquila cuando de un nivel elevado de glucosa no viene un diagnóstico de diabetes, ese miedo a las agujas se desvanece rápidamente.

Lo irónico es que no ven que las agujas son la parte fácil de esta vida…


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Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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