En breve me voy junto con unos amigos a hacer un escape room aquí en Logroño y comentándolo con un compañero que conoce a los dueños, me ha amenazado con dejarnos allí aunque consigamos salir (cosa muy improbable, por cierto).

Ya le he dicho que muy buena idea no es dejar a dos diabéticas encerradas cerca de la hora de comer  a lo que me ha respondido, “no te preocupes, ya os pasaremos la insulina por debajo de la puerta” Evidentemente el humor diabético me ha invadido, y con mi “cara de buena” no he podido evitar preguntar ¿Por qué nos quieres matar?

Me resulta gracioso que en el momento en que el mundo del páncreas funcional es consciente de que el tuyo es un elemento zombi en tu cuerpo, te lo solucionan todo a base de insulina.

Entiendo las buenas intenciones y, que ante el desconocimiento, la primera cosa que viene a su mente es “necesita insulina” pero vivo aterrada pensando que se tratan de intentos velados de asesinato. Ese momento en que el que te está dando un bajón, pero no de los sutiles, no, de los que te pones en modo borracho 0,0 (así llamo yo a las hipoglucemias bestias), cuando hablar se convierte en todo un reto, ya me entendéis. En un esfuerzo extremo consigues juntar la frase “no me encuentro bien” y oyes a lo lejos ¿Llevas la insulina? Juro que, si en esos momentos fuera capaz de juntar otra frase, sería ¿Por qué me quieres matar?

Luego están los momentos en los que te duela lo que te duela, te pase lo que te pase, siempre oyes lo mismo “¿Qué tal tienes el azúcar? ¿Necesitas insulina? Coño, me acabo de romper un dedo. Por favor lléveme a urgencias.Te juro que con el dedo ya escayolado ya te dejo que me lo pinches tú si te hace illusión.

Con esto no quiero quejarme de la buena voluntad de la gente que me rodea ni nada parecido, todo lo contrario, no puedo más que estar agradecida por toda su preocupación, pero si quiero reclamar que aunque la diabetes es algo que evidententemente condiciona muchos aspectos de mi vida, no lo es todo y no todo está relacionado con el azúcar.

¿Tengo diabetes? sí. ¿Soy diabética? Entre  otras muchas cosas. Lo que me da rabia es la etiqueta que llevo tatuada en la frente de #todoesporladiabetes porque no es así. Puedo prometer y prometo, que cuando me sueno la nariz es porque tengo catarro y ni mirarme el azúcar ni llevar la insulina me lo van a quitar, así que por favor, pásame un pañuelo 😉

Así que si nos dejan encerrados en el escape room (actividad que no puedo más que recomendar) junto con la insulina por debajo de la puerta, espero que me manden un bocadillo de tortilla de patata y un botellín de agua, por eso de que pase mejor el encierro.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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