Detalles que marcan grandes diferencias

Es curioso como una sola letra puede cambiar algo radicalmente, o un simple acento y que decir de las comas… Os dejo unos ejemplos para que os hagáis a la idea de por dónde voy.


Y si esto marca diferencia, para los que tenemos diabetes hay una gran diferencia marcada por un simple número.
Porque la diabetes, como tal, no existe, siempre lleva apellido, y aunque hay varios apellidos posibles, los más comunes son numéricos, y no son otros que tipo 1 y tipo 2.
Por cierto, que sean los más comunes no los hacen únicos, existen otros tipos pero en este caso no vamos a hablar de ellos, quizá más adelante.
El problema de olvidarnos del “apellido” de nuestra diabetes hace que oigamos burradas que hacen temblar al más valiente.

La mezcla de conceptos hace que tengas que aguantar cosas del tipo: tú de pequeña comías muchos dulces y por eso tienes diabetes, ¿no?
Pues no, no es por eso. De hecho, a día de hoy sigo sin saber qué hizo que mi cuerpo dejara de producir insulina.
Y ahí está la gran importancia del apellido. Cuando la diabetes es tipo 1, como es mi caso, sin saber el motivo exacto, el sistema inmunitario destruyó mi capacidad de generar insulina. La insulina que hay en mi cuerpo viene de fuera porque no puedo producir nada. Tengo un órgano que no hace su función, está roto. Mi páncreas es no funcional.
Cuando la diabetes es tipo 2, la cosa cambia bastante. Aquí sí que hay producción de insulina, pero o bien es insuficiente o bien no funciona tan bien como debería. Aquí no hablamos de un páncreas no funcional, aquí sería más un páncreas vago.
Si lo piensas bien, el haberme comido todas las chuches del mundo de niña me hubieran acercado más al tipo 2 que al 1. Y digo acercado porque no es algo tan sencillo.
Me hace gracia una expresión que oigo mucho cuando digo que tengo diabetes, reconozco que soy la primera que no especifica el tipo (fallo mío) pero teniendo en cuenta que si no estás inmerso en este mundo, especificar no suele servir de mucho, y no es otra que “tienes diabetes ¿de la de pincharte?”
Aquí doy el mérito a la pregunta de que, al menos saben que hay más de un tipo, vista la desinformación, me parece un gran avance.


Y sí, la diabetes tipo 1 es la que implica siempre, desde el minuto cero inyectar insulina. Ese páncreas que no produce nada de insulina hace que me tenga que buscar la vida y no, las pastillas no sirven en mi caso. Este tratamiento es de la tipo 2.
Recuerdo que tras el debut, en el hospital me explicaron la diferencia entre ambas como con una esponja. Mi páncreas era como una esponje seca, por mucho que la estrujara nunca sacaría ni gota de agua, por eso la necesitaba por otra vía. En el caso del tipo 2, esa esponja aún se podía escurrir y para eso estaban las pastillas, para sacar hasta la última gota.
Es curioso que a una niña le expliquen algo así, pero claro, ésta que os escribe le dijo el médico que yo prefería pastillas como mi abuelo que también tenía diabetes, que lo de las agujas no me gustaba. Bendita inocencia la mía.

Otra manera de diferenciar los tipos de diabetes que me resulta muy curiosa es que las personas con diabetes tipo 1 son insulino dependientes y en el caso del tipo 2 son insulino requirentes. Seguro que tiene su sentido y técnicamente estará muy bien explicado, pero desde aquí os digo que me parecen un poco absurdas ambas ya que, todas las personas, sin excepción, incluso las que no tienen ningún tipo de diabetes, dependen y requieren de la insulina para vivir, con independencia de que les llegue de su páncreas o de un laboratorio.

Me autodefino como vida dependiente, porque en el momento que me falte la vida, lo voy a tener un poco complicado.
Todas estas maneras de diferenciar la diabetes tipo 1 y 2 las entiendo porque hay mucho desconocimiento en este tema, pero hay una última que nunca entenderé y que además me toca bastante las narices.
Y no es otra que la de ¿tú de cuál tienes, de la buena o de la mala? (Léase mentalmente con voz de pito, ayuda bastante a ponerse en contexto)
A ver, alma de cántaro, que yo me entere ¿cuál es cuál?


Porque en mi universo paralelo ninguna enfermedad es buena. Digo en mi universo porque después de oír esa pregunta varias veces, he llegado a la conclusión de que soy de otro mundo. Uno en el cual las enfermedades nunca están categorizadas como buenas.
Mi experiencia personal me ha llevado a la conclusión de que la mala es la tipo 1 porque hay agujas y pinchazos de por medio. Entiendo que impresiona. Yo fui la primera que pidió no pincharse. Pero pasada esa barrera mental, no entiendo esta pregunta. Y sé bien por qué no la entiendo.
El que todo sea diabetes hace que desde fuera la única diferencia que se vea es en como la medicación llega a tu cuerpo. Inyecciones o pastillas. Pero se obvia que estamos tratando de enfermedades diferentes, con diferentes causas, diferentes tratamientos y diferentes consecuencias.
Mi padre tiene diabetes tipo 2, ni se sabe durante cuantos años la enfermedad estuvo ahí antes de que empezara el tratamiento. En mi caso, por el contrario, fue bastante rápido. Mi padre se mata a hacer ejercicio, no os exagero cuando os digo que se da paseos a buen ritmo de 3 y 4 horas y como se coma una manzana un poco grande llega alto a la comida. En mi caso, si veo que no me baja el azúcar con el ejercicio, me pongo insulina y voy controlando a poquitos. A mi padre no le verás comer nunca postre ni fruta después de comer legumbre. Sus composiciones de comida suelen ser más restrictivas que las mías. No penséis que comemos cosas diferentes, al contrario, yo tengo una libertad mayor de decisión porque no tengo más que calcular raciones.
Entonces reitero mi pregunta ¿cuál es la buena y cuál la mala? Pues la respuesta es clara. Ninguna de las dos.
Hablamos de enfermedades diferentes y cada uno llevamos la nuestra lo mejor que podemos
Por eso, por favor, valorad la importancia del apellido de la diabetes y no penséis que ninguna de ellas es buena. Porque ambas son enfermedades, nada más, ni buena ni mala, sólo tipo 1 y tipo 2.

Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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