O lo que olvidamos recordar

Asumo que soy una persona que muchas veces se cabrea con una facilidad pasmosa. Cosas de ser yo (supongo). Aunque estoy trabajando en ello, no siempre obtengo los mejores resultados.

Pero otras veces tengo el firme convencimiento de que me cabreo demasiado poco para lo que debería.

Esta semana me ha pasado una cosa que, sin el contexto adecuado, es una de las mayores tonterías del mundo. Pero cuando no se tienen en cuenta todas las variables, acaban conmigo cabreada como un mono y saliendo del trabajo como un miura de toriles en pleno San Fermín.

Sin contexto.

Alguna vez ya he comentado que trabajo en atención al cliente. Esto supone que no siempre puedo salir a mi hora, lo asumo, el cliente es lo primero. Por otra parte, hace unos meses cambiaron la ubicación de las oficinas y ahora tardo unos 4000 pasos en llegar (en kms algo más de 3). Tengo rotación de turnos y las semanas que estoy de partido entro a las 09.00 hasta las 14.00 horas y vuelvo de 16.00 a 19.00.

Dado que mis 4000 pasos me llevan entre 30 y 40 minutos de rápido camino, a las 14.00 horas si algún compañero que también sale va para la misma zona, pues me acerca para no andar tan  pillada de tiempo. (Si lo lees, gracias Nela por llevarme)

Nada raro en todo esto.

Por circunstancias de la vida, hay veces que tengo que asistir a alguna reunión. No es parte de mi día a día, pero es algo que está ahí y si hay que ir, pues se va. Ningún problema.

Esta semana me ha tocada acudir a una en horario de 13.00 a 14.00 horas. Todo correcto.

Según nos hemos sentado, lo primero que he preguntado ha sido si se iba a alargar porque para mí eso sería un problema. Respuesta negativa, para las 14.00 horas acabamos. Genial dice mi mente.

Con la poca sutileza que me caracteriza, viendo que la reunión se iba alargando, a partir de menos cuarto yo empiezo con las indirectas para ver si aceleramos. El tema que estamos tratando es importante y me interesa mucho, pero me veo venir lo que va a pasar.

14.10. Mis sospechas se han confirmado, ahí sigo en la reunión. A todo esto cuando he comentado que nos habíamos pasado de hora me han dicho que podía haberme levantado y haberme ido a las 14.00. Menos mal que tengo mucha educación y ésta me impide levantarme de en medio de una reunión sin acabar y contestar como lo haría fuera de un entorno laboral.

14.18. Damos por acabada la reunión. Aquí la educación se me ha acabado y salgo pitando sin decir nada. Evidentemente, no hay nadie que me pueda acercar porque los que salen a las 14.00 horas ya se han ido.

Pues allá que me enfundo el abrigo, el gorro y salgo al frio polar para darme una caminata de 4000 pasos y llegar a casa de mis padres a comer. Por supuesto, mensaje a mis padres para que no me esperen porque no sé cuándo llegaré.

En este momento cualquier persona que haya leído esto estará pensando que soy una quejica toca pelotas que todo me sienta mal. Yo también lo pienso.

Pero ¿Y si le añadimos un contexto?

Aquí el contexto tiene un nombre muy claro, el blog trata de esto mismo, y por supuesto es la diabetes.

Añadiendo la diabetes a la ecuación.

Durante toda la reunión he estado revisando, sin disimulo alguno, los niveles de azúcar con el freestyle. A medida que se echaba la hora encima veía cómo iba subiendo por la temida ansiedad de ver que no acabábamos a tiempo.

Como yo no tenía previsto volver andando a casa, no he comido nada de más para el camino, además como salía con una glucemia de 160 pensaba que llegaría bien.

Error. Una vez centrada en que tenía que llegar lo antes posible a casa (no perder de vista que luego hay que volver), la ansiedad deja paso a la prisa y el azúcar empieza a caer en picado.

Así que cuando he llegado a casa parecía parte del elenco de walking dead. Sudando como si fuera agosto a pesar de haber unos 6 grados como mucho. Blanca como metida en lejía. Tambaleándome cómo si me hubiera bebido todo el vino de Rioja y cabreada como un mono porque eran casi las 15.00 horas y yo no había comido aún.

A todo esto le añado el factor sentimental de que cuando tengo ese turno yo voy a comer a casa de mis padres para poder estar un rato con ellos. Hoy, obviamente, ellos han comido antes dadas las circunstancias.

Pero no me quiero centrar en eso, que no es parte de este relato, sobre lo que quiero reflexionar es en cómo la falta de empatía y el no tener en cuenta las circunstancias pueden afectar al resto de personas.

¿Es tan difícil mirar el horario de la gente que asiste a la reunión y ver que hay gente que sale a la hora a la que está previsto finalizar y si se alarga, esas personas van a salir más tarde? ¿Es tan difícil entender desde el respeto que el tiempo de los demás también es valioso? ¿Es tan difícil hacer que una reunión dure el tiempo programado? ¿Es tan difícil entender que tienes a una persona con diabetes en una reunión y le estás haciendo salir tarde? ¿Es tan difícil entender que los desajustes de horarios cuando hay diabetes se pagan caros? ¿Es tan difícil entender que si salgo tarde voy a tener que andar unos kms que no tenía previstos y que no estoy poniendo solución para ellos porque me estás diciendo que no voy a salir tarde?

Conclusión.

Después del día de hoy  solo puedo llegar a una conclusión y es que sí, es muy difícil. Cuando he vuelto a trabajar nadie ha venido a preguntarme por qué tenía tanta prisa esta mañana y sé que no lo van a hacer. ¿Y sabéis por qué sé todo esto? Porque a lo largo del mes de febrero tengo otras cuatro reuniones programadas y a qué adivináis en qué franja horaria son.

No debería ser tan difícil entender que hay que respetar las circunstancias  y los contextos del resto. No necesito que sepan nada de diabetes, pero al menos que entiendan que las 14.00 horas y las 14.20 no son la misma hora.

Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

También podéis compartir que es gratis y así llevamos la diabetes más lejos (tenéis los botoncitos por aquí para que sea más fácil 😉

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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