Aunque la diabetes se simboliza por el color azul, esta semana hago un cambio de color y me decanto por el rosa ya que en Logroño se ha celebrado la 3ª edición de la carrera de la mujer.

Aunque sea la 3ª carrera, éste es el 5º año que tiene lugar este evento primaveral que hace que mi ciudad se vea inundada por una marea rosa de solidaridad en apoyo al cáncer de mama. Este año había 9,000 dorsales y se agotaron en un tiempo récord (de hecho yo casi me quedo sin participar por apenas 2 días, pero en esta ocasión tuve suerte y de la buena)

La llamamos carrera de la mujer, pero se puede hacer andando, por lo que junto con el propósito del evento, hace que sea algo multitudinario, en el que ves mujeres de todas las edades llenan las calles del centro de Logroño ataviadas con camisetas rosas lo que nos convierte en una auténtica marea que hace que me sienta orgullosa de las mujeres de mi ciudad.

Hay un momento para mí muy especial que es el tramo que pasa por la Calle del Norte. Es de las pocas cuestas que hay en Logroño y resulta impresionante mirar hacia adelante y ver rosa y si te das la vuelta es casi mágico. Es mi momento favorito con diferencia.

               

Os dejo enlaces a diferentes sitios para que podáis ver fotos y haceros una idea de lo que hablo.

http://www.larioja.com/la-rioja/carrera-mujer-2018-20180415191433-ga.html

https://es-es.facebook.com/CarreraMujerLaRioja/

Para mí es especialmente importante poder participar en esta carrera porque en 2015 (hace casi 3 años ya, como pasa el tiempo) tuve un susto bastante importante. Hacía tiempo que notaba algo raro en el pecho y al final, con más miedo que calma, fui al médico para que me diera opinión. Cuando no tienen opinión es porque faltan datos y pruebas médicas, así que me tocó pasar por una BAG (siglas de Biopsia con Aguja Gruesa). Se me desmoronó el mundo en este momento. Podía ser un tumor y maligno, o dicho de otra manera, cáncer. Entré en modo pánico, hasta tal punto que se lo oculté a mi madre.

No me duró mucho el modo mutismo en el que me puse, exploté con mi hermana porque aunque siempre intentas ser optimista, al final las dudas te persiguen, la idea de un cáncer se te pega al cerebro, menos mal que ahí estaba ella para reñirme por comérmelo sola. Al final claudiqué y se le dije a mi madre que se puso más nerviosa que yo y se bajó conmigo el día de la prueba.

Recuerdo poco de ese momento, sólo que cerré muy muy fuerte los ojos porque no quería sentir nada y de camino a casa no fui capaz de cruzar palabra con nadie. Si ya es duro pasar por la prueba, más duro es la espera de los resultados. Como es lógico no te dejan semanas con la incertidumbre, pero por poco tiempo que sea, siempre se hace largo.

Al día siguiente, estando en el trabajo me encontré una llamada perdida y casi muero al ver que era el teléfono del hospital. Por fin iba a tener noticias, no sabía cuáles, pero eran noticias y por fin se iría la incertidumbre, o eso pensaba yo. Al llamar, me respondieron desde centralita y aunque expliqué mi consulta, no tenían identificado quién me podía haber hecho la llamada y no me pudieron derivar con esa persona. Fue duro aguantar las lágrimas y los pensamientos más derrotistas me invadían. Es cáncer.

Afortunadamente el teléfono volvió a sonar esa misma tarde y ya sí pude atender la llamada. Recuerdo que ni salí al pasillo para hablar, no me respondían las piernas de los nervios. La médico muy amablemente me dijo que el resultado era positivo, no era cáncer. En ese instante sentí como el peso del mundo se iba de mis hombros. Lo extraño fue la siguiente pregunta: ¿tienes diabetes? Me quedé sorprendida, no tanto por la pregunta sino porque no lo supiera, daba por hecho que en algún lado estaría en el informe, pero parece que no. Cuando le confirmé que sí, me dijo que los bultos eran por algo llamado “mastopatía diabética”.

Ni idea de lo que me estaba diciendo. Me sonaba como si me hablara en otro idioma y en verdad muchas veces, los médicos sin darse cuenta lo hacen. No me importó mucho no entenderlo, sólo sabía que no era cáncer. Había pasado el susto.

En una posterior consulta con mi endocrino, me comentó que es una complicación poco habitual de la diabetes y que con el seguimiento que me iban a hacer, no era necesario tomar medidas adicionales. Y parece que así ha sido, el año pasado, me dieron el alta y ya no tengo que ir cada 6 meses a revisiones para ver la evolución, no sólo no han crecido los bultos, sino que casi han desaparecido. La ginecóloga no supo darme mucha más explicación, pero para mí fue la calma absoluta.

Como es obvio sigo con revisiones ginecológicas, pero se llevan con otra calma cuando sabes que son preventivas y de rutina y no por obligación.

No sé si es normal en todo el mundo, pero cuando vives un momento de incertidumbre así, mi mente tiende a formar muchos escenarios posibles en base a un resultado aún incierto y en esta ocasión en todos ellos veía que perdía el pelo. Era inevitable. Por eso me hice una promesa a mí misma, si todo sale bien, donaré el pelo. Y dicho y hecho. En agosto del año pasado pude cumplir mi promesa y doné el pelo que durante algo más de 2 años me negué a cortar y que cuidé con todo mi cariño. Fue un momento muy especial para mí y aunque hecho mucho de menos mi  larga melena, no me arrepiento. Tengo claro que lo volvería a hacer una y mil veces. Mi pelo volverá a crecer y el que ya no está, ahora ayuda a una luchadora.

Os dejo una foto del antes y el después 😉

Si queréis saber algo más sobre la donación de pelo os recomiendo que visitéis la web de mechones solidarios https://www.mechonessolidarios.com/donatupelo.

 

Tuve suerte, buena suerte, pero muchas otras personas no pueden decir lo mismo que yo. Y aunque no sea mucho, intento aportar mi granito de arena en la lucha contra el cáncer y cambio el azul por el rosa para correr 5 km y no olvidar que hubo un momento en que existió una posibilidad de que esas 9000 mujeres corrieran por mí también.

 

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.

 

 


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