Hace poco tuve la oportunidad de participar con FFPaciente en la creación de un decálogo de paciente activo en el que colaboramos varios pacientes con diferentes enfermedades y del que se sacó un resultado de esos que te dejan con los ojos abiertos.

Os lo dejó aquí y el enlace a su web para que podáis conocerlos en caso de que no sea así.

El preparar mi propuesta, me di cuenta de que un tiempo a esta parte puedo decir que me considero una paciente activa.

Me gusta implicarme en esta mierda porque al final va a estar aquí quiera o no. Y me apetece llevar una vida sin complicaciones añadidas, bastante se complica ella sola como para añadirle yo más.

Al poder participar en el decálogo, me he dado cuenta de que a mi manera (no podría ser de otra) yo también tengo mi decálogo personal que, aunque en el fondo es similar al de ffpaciente, en la forma, como ya os habréis imaginado, no tiene nada que ver.

DECALOGO A MI MANERA

Esto va a estar aquí para siempre. No te tiene que gustar, ni nada parecido. Yo lo odio. Pero con tiempo he asumido que es así y no hay opción de cambio. Asumir la realidad no la cambia y no la hace mejor, pero te evita pataletas.

ilustración ladron antifaz y camiseta de rayas

No es mi culpa. No lo ha sido y no lo será nunca. El tener diabetes no es consecuencia de mis actos. Bastante me cuesta gestionar mis niveles de azúcar como para añadir la gestión de la culpabilidad. Por ahí no paso, mi día no tiene tantas horas ni yo tanta energía.

 Nadie conoce mi cuerpo mejor que yo. Ni el ginecólogo y no será porque no profundiza… Si algo tiene la diabetes es que nos hace incluso más únicos de lo que ya somos por defecto. Cada persona es un mundo y cada uno tenemos nuestra propia diabetes. Es obvio que la insulina es el tratamiento que todos llevamos, pero a partir de ahí todo cambia. No es bueno compararse con nadie ni seguir los pasos de otra persona. Si te sirve como motivación, hazlo, pero no como pauta. Tú mejor que nadie sabes lo que mejor te va.

No estoy sola.  La diabetes la lleva mi cuerpo. Pero no vivo aislada del mundo. Vivo con gente a la que quiero y que me quiere. La diabetes forma parte de mi vida y de la de esas personas. En mi mano está que no suponga una traba en mis relaciones. Yo me encargo de que no sea una traba, de explicar cómo me siento cuando estoy con hipoglucemias y lo que necesito, de pedir paciencia cuando estoy en hiperglucemia y no hay manera de controlar lo que yo llamo el efecto bucle (si no sabes de qué hablo pincha aquí para saber más). Intento que mi mundo entienda a mi diabetes porque así es más fácil entenderme a mí muchas veces.

Ni me escondo ni me avergüenzo.  Tristemente no siempre ha sido así, pero oye, no veas lo que he ganado en comodidad. He conocido baños que no creeríais y que no pisaríais más que por obligación extrema. Eso se ha acabado. Me pincho sí ¿qué hay de malo en ello? El problema no está en mí ni en que quiera seguir viva, si hay algún problema claramente está en la mirada ajena. Yo  entiendo que pueda chocar visualmente, pero es lo que hay. Si te parece mejor opción, mira para otro lado.

Mando a la mierda. A todo y a todos. Para que no me digan que discrimino. Hay días en que mentalmente la diabetes me agota y necesito un respiro. Olvidar durante un intervalo que está ahí. La diabetes es invasiva a nivel mental y a veces necesito pararla para que no se adueñe de todo. No olvido que está ahí, pero la ignoro y así consigo recargar pilas. Un día es un día. El año tiene 365 días, 8760 horas. No es un crimen tomarse alguna de relax.

Esto es prueba, error y aprendizaje. Los días en que todo funciona son geniales, pero no todos son así y hay que asumir que esos días en que las cosas se tuercen nos enseñan lo que no hay que hacer. Entender cómo funciona nuestro cuerpo es una tarea muy difícil, sobre todo porque es cambiante a cada minuto. Retrocedemos para coger impulso no para ir hacia atrás.

No todo es diabetes. Solo tengo esta vida y aunque me haya encontrado con esta piedra en mi zapato, tengo claro que quiero disfrutarla. Lo haré de la mejor manera que pueda y seré yo quien ponga los límites. Aquello que no hago es aquello que no me compensa. Sé que puedo hacer de todo (menos insulina claro).

Los charlatanes en el circo. Curas milagrosas, remedios caseros, recetas secretas, canela en rama… A estas alturas todos sabemos que estas cosas son puras estafas, pero vestir algo de científico no lo hace real. Muchas veces nos bombardean con noticias sobre nuevos avances que llenan de esperanza para luego ser otra mentira más. Lo tengo claro,  ante cualquier noticia, desconfiar, buscar, contrastar y consultar con un especialista. Las mejoras llegan, sin duda, pero mejor esperarlas con calma, que el ansia viva no es buena compañera.

¿Me compensa? Esta es para mí, la mejor opción que he tomado en mi vida. Antes  me pregunta si  podía/tenía/ quería hacer algo, comer algo… Pero me di cuenta de que no me estaba haciendo la pregunta correcta. Prefiero pensar en el resultado y valorar si ese resultado me compensa. Creo que ahora tomo mejores decisiones que antes. Ya no es una obligación o un deber, es aceptar o no un resultando sabiendo las consecuencias. Y me funciona, de verdad que me funciona bien. Me he responsabilizado de una manera mucho más amigable de mis decisiones y me gusta mucho.

Y hasta aquí este decálogo personal que me acompaña cada día y que a mí me funciona. Porque soy una persona consciente y consecuente más feliz que antes de tomar las riendas de mi diabetes.

Esta batalla la gano yo diabetes.


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam. 
Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces


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