Como podéis ver por el título esta es la segunda parte del cuento de Navidad que si no habéis leído aún (fatal me parece por cierto) pinchad en la imagen para ver cómo empieza todo esto.

guerrera y princesa

Por una vez nuestra aprendiz no supo muy bien qué decir. Su vida en menos de 6 meses había cambiado y lo había hecho para siempre. En su cabeza odiaba el hecho de haber ido al médico porque fue ese día el que lo cambió todo. El que llevara tiempo con los síntomas y que incluso ella fuera consciente del deterioro físico en el que había caído no le parecía relevante. El momento lo marcó un médico que fue quien primero dijo la palabra maldita, porque para ella era una maldición eso de la diabetes, un mal sueño del que no podía despertar. Y estalló y soltó todo lo que la atormentaba en su infantil mente.

  • ¡Pues claro que no hubiera pasado! Si no hubiera ido, no me habrían ingresado y no me tendría que pinchar y todo sería como antes. Hubiera sido mejor seguir bebiendo mucha agua a toda esta mierda de ahora. Las lágrimas ya no eran disimuladas, brotaban de sus ojos marrones sin control alguno. Consecuencias de convivir con miedos no hablados…
  • Llora cuanto necesites, las lágrimas no dejan de ser agua y el agua limpia y veo que tienes mucho que limpiar por ahí dentro. Pero te voy a decir una cosa, y quiero que no lo olvides. Tuviste suerte y no pienses que mala, al revés, de la buena. No llegaste a una cetoacedosis diabética grave. No me pongas esa cara de haba, que ahora te lo explico. Recuerda que tu cuerpo ahora no produce insulina. Cuando el cuerpo no tiene suficiente insulina, la glucosa permanece en la sangre y no puede entrar en las células para que la utilicen como fuente de energía. Cuando el cuerpo no puede utilizar la glucosa como combustible, empieza a utilizar la grasa. Cuando ocurre esto, se liberan a la sangre unas sustancias químicas llamadas cuerpos cetónicos o cetonas.
  • ¿En serio?  ¿Tú también? No ves que no entiendo lo que me dices. Es muy complicado. Hablas en un idioma que no entiendo, joder. Ya vale de cosas de médicos. Ellos me hablan y piensan que entiendo, pero no es así. Estoy hasta los cxxxx. Gritó, y gritó bien alto por la rabia y la sensación de injusticia que le pesaba sobre todo su cuerpo.
princesa rota
  • Relaja bonita, que si quieres te lo digo más claro para que lo entiendas. No es difícil. Si hubieras esperado más, el azúcar habría seguido subiendo y subiendo y subiendo, hasta que tu cuerpo dijera “hasta aquí”. No es raro que entre en coma en esa situación… ¿Ahora es más fácil de entender?

¿Cómo se atrevía a hablarle así? ¿Qué se pensaba esa señora rara que se hacía llamar Mimi? Su mirada se volvió gélida y su cara de rabia cambió al odio y al asco a partes iguales (ya hemos comentado que su cara siempre la delataba). Levantó la mirada, despacio, y con mucho desprecio en su voz dijo:

  • Lo entiendo. Pero tú entiendes que quizá a mí eso no me hubiera importado.
  • ¿Y te hubiera importado morir? No quiero meterme miedo ni mucho menos. Pero has de saber que todo tiene consecuencias, pueden ser más o menos probables, pero están ahí. Vas a vivir tu vida y la vas a vivir con diabetes. No me gustaría que vivieras con miedo a todas las complicaciones, pero no puedes ignorar que están ahí.
princesa lagrimas
  • ¿Por qué me ha pasado esto? ¿Qué hice mal? Ya sé que estaba gordita y que me gustaba el turrón de chocolate, pero no sé si es justo un castigo tan grande por eso. El hielo de su voz se había ido y su inocencia infantil volvía a estar con ella. Muchas lágrimas seguían saliendo de sus ojos, estaba desbordada por dentro y tenía que sacarlo fuera.
  • Hoy no me puedo quedar mucho más tiempo, es tarde ya, pero quiero que sepas una cosa y que la tengas siempre en mente. NO es culpa tuya. No has hecho nada. Tú cuerpo ha fallado, tan simple como eso. Pero no te sientas culpable por ello, porque no has tenido opción ni has podido hacer nada para evitarlo. Ahora estás totalmente centrada en los controles de azúcar, pero por favor, no te olvides de cuidar tus emociones, esas te van a hacer más daño que la diabetes y antes eso sí que puedes hacer algo y sí que serás responsable de lo que te pase. Deja de ser un pistacho cerrado, es imposible llegar a ti. Estás demasiado encerrada y eso no te va a llevar a ningún sitio bueno. Sabes que ya he pasado por todo esto, he tenido tus dudas y tus miedos, por eso tienes que escucharme, porque dentro de 25 años podrás decir “Me compensa” sin ninguna duda.

No eran necesarias más palabras ni despedidas. Ambas lloraban. Aunque la pequeña no era de mostrar afecto, le pidió un abrazo a Mimi antes de que se fuera, por primera vez en su vida estaba dejando caer el muro sentimental que se había construido alrededor como defensa ante un presente y un futuro que tanto la asustaba.

princesa fantasma

Mimi se fue de la casa y volvió al mundo de fantasía al que pertenecía. Allí estaba su unicornio esperándola. Ese día estaba muy tocada. Las lágrimas seguían pero ya más como algo liberador. Se acercó a PoisonedCookie y le dijo: ojalá esto fuera real y yo no fuera algo imaginario. Me hubiera venido bien saber que no era culpa mía.

Le dio una galleta a su amigo y secándose las lágrimas sacó el glucómetro para ver cómo estaba la glucemia. Las emociones también afectan y el 268 que le dio la máquina se lo recordaron en 5 segundos.



Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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