Hace poco tuve consulta con mi endocrino privada y siempre que me toca pasar consulta es como si volviera a mis días de estudiante.

estudiante preocupada

El estómago se me llena de mariposas y no puedo evitar esa sensación nerviosa y la pregunta recurrente de ¿me irá bien?

A diferencia de la época de estudiante, aquí no vale lo de estudiar la noche anterior, sentarte al lado del listo de la clase a ver si pillas algo o que la diosa fortuna te acompañe ese día y te pregunten lo que mejor te sabes.

Mi vida como estudiante en cierta medida guarda paralelismo con el trato que le he dado a mi diabetes.

Cuando era muy niña, mis padres estaban más encima de mí para que llevase las cosas al día y no fuera con la lengua fuera. Hasta que le dejé, mi madre fue así con mi diabetes, me dejaba gestionarme pero siempre estaba ella allí. Yo me miraba sola el azúcar y la llamaba para que viniera a ver el resultado, viera como preparaba las insulinas y luego me las ponía ella.

Tanto en diabetes como en estudios, no podía tener mejores resultados.

Durante la época del instituto, en la que asumí la responsabilidad del estudio como propia,  todo era la ley del mínimo esfuerzo hasta que llegaba la semana anterior a la semana de los exámenes en la que todo eran prisas, noches sin dormir y conceptos pillados por los pelos que duraban en la memoria hasta el momento de entregar el examen, momento en el que se desvanecían para siempre. No era la mejor opción, pero en los estudios, me funcionaba.

En cuanto a la diabetes, como que un poco menos. La cita para los análisis era como cuando te ponían la fecha del examen. Ahí te dabas cuenta de que te habías tocado las narices a dos manos y que había que solucionarlo a la voz de ya.

Tocaba apuntar controles en las libretas (muchos de ellos inventados porque lo de mirarse el azúcar en mi mente estaba sobrevalorado y me aburría de ello),  mirarse el azúcar algo más de una vez al día (el día que tocaba), intentar no comer nada que no debiera (hablamos de una época en la que no conocía el concepto de ración, solo tenía el concepto de no comer azúcar) y sobre todo hacerme un perfil.

  • No sé si todos conocéis este concepto, así que os cuento un poco. Era como un control preparatorio para el examen antes de ir al médico. Un perfil consistía en mirarte el azúcar 7 veces en un día. ¿A que suena a poco? Pues eso te lo hacías una vez al mes. Eran los 3 pinchazos antes de las comidas, los 3 después de las comidas y uno de madrugada.

**Hoy esto parece algo anacrónico, y a todas luces lo es, pero en los 90 y en mi caso, no me miraba el azúcar más allá de 3 veces al día. Era lo que me habían enseñado. Pero os recuero que no sabía ni lo que era una hipoglucemia ni mucho menos reconocerla.

Sigamos que me despisto y me voy por las ramas (nada raro en mí)

En la vida de estudiante llega un momento en el que te das cuenta de que lo de estudiar el día de antes no va a funcionar, ni copiar al de al lado y mucho menos llevar una chuleta.

En mi caso se llamó selectividad (otro anacronismo de los 90, ahora ya no tengo ni idea de cómo se llama porque con tanto cambio no me aclaro, yo fui a EGB y ahí me he quedado)

Cuando ves que te llegan 3 días de exámenes con una cantidad de temas que hasta entonces no has tenido, sabes claramente que eso hay que prepararlo con tiempo, día a día y de manera constante. Dejar de esprintar para pasar a una carrera de fondo. Y entonces te das cuenta, de que aunque sea un esfuerzo diario, al final da resultados mejores que hacerlo todo a última hora. Me costó aprenderlo, pero me fue bien y me quedé con esa lección para la universidad  y tampoco me puedo quejar de ese resultado.

Pues en diabetes igual. No tengo un nombre ni un momento concreto, pero el final me di cuenta de que si trabajo cada día en esto de la diabetes,  al final los resultados son mucho mejores y no tengo necesidad de hacer las cosas con prisas.

Incluso cuando mis resultados no son buenos, también me ayudan a aprender. Porque si algo tiene esto, es que cada día hay una lección nueva y sobre todo que esas lecciones cambian y que la primera lección y la más básica es la adaptación a cada momento.

Aunque cada vez que voy al endocrino, no me puedo quitar esos nervios previos de examen, voy con la conciencia de ir con la lección estudiada y que en los fallos de hoy puedo encontrar los aciertos de mañana.

Porque si algo tengo claro es que el endocrino no es un examinador duro, al revés, es ese profesor especial que te enseña que hay cosas más importantes que una sola cifra. Es aprender lo que cada cuerpo necesita en cada momento. Saber valorar nuestras acciones y sus resultados y sobre todo es saber no rendirse porque un día suspendamos. Hay que tratar de aprobar cada día y para eso hay que estudiar y aprender a afrontar los errores, corregirlos y superarlos.


Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


2 commentarios

Maje · 14 marzo, 2019 a las 15:03

No es un examen, claro q no ,pero entiendo mucho la sensacion
Como en todo ,se nota cuando nos esforzamos y tu eres una pedazo campeona

    LadyBlue · 15 marzo, 2019 a las 07:17

    Y en tus consultas mucho menos 🙂
    De la última salí feliz por el tiempo que pudimos estar revisando las cosas, dedicando tiempo de calidad y programando juntas los cambios
    Así deberían ser todas las consultas en cualquier especialidad, calidad ante todo y sobre todo sentirnos personas y que somos importantes.
    No puedo estar más contenta porque contigo tengo la mejor endocrina y lo que es más importante, una gran persona que me escucha
    Un abrazo enorme Maje

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

veinte + 13 =