Porque la diabetes no lo es todo

 

Esta semana no va a ser una entrada de las que tanto me gusta escribir en las que cada palabra es un derroche de sarcasmo y en las que mi intención siempre es sacar una risa o al menos una sonrisa. Hoy toca hablar de la vida.

chaplin vida obra de teatro diabetesPonerle humor a la vida en todo momento no es fácil. Sobre todo cuando parece que las circunstancias te demuestran lo injusta que puede llegar a ser la vida y lo hace de manera cruel.

No me quiero ponerme más triste y mucho menos poneros tristes a vosotros. No soy tan radical, no quiero pasar de querer sacaros una sonrisa a querer provocaros el llanto. Mi objetivo, aunque es distinto al de siempre, es sencillo, es provocar una reflexión.

Diabetes

Me he preguntado una y mil veces a lo largo de mi vida el motivo por el cuál este mierda eligió mi cuerpo.

Me desespero cada vez que, a pesar de hacer todo lo que tengo aprendido para un buen control, nada funciona como debería.

Me frustro cuando sé que no llevo ni un azucarillo en el bolso y noto que me está viniendo una bajada de las que se notan.

Me cabreo cuando dicen “por qué no cenamos por ahí” y justo ese día no llevo la insulina porque no tenía previsto cenar fuera.

Me dan ganas de llorar cuando no puedo dormir porque el azúcar está demasiado alto, lo corrijo y una hora después estoy en hipoglucemia. A esto hay que añadirle que el despertador no entiende de hipoglucemias ni de hiperglucemias, sólo de horas y minutos.

Me enfado porque mi cuerpo no me permite el lujo de tener más hambre. Peso la comida, calculo raciones y me pongo insulina. Pero ¿Y si tengo más hambre? ¿Un nuevo pinchazo? ¿Subidón posterior? ¿Qué decisión es la acertada? Pues la de tener hambre porque es la única manera que he encontrado de no descuadrar todo. No sé si es algo común, pero sí que he notado que si me pincho más de una vez en un rango corto de tiempo, el efecto de la insulina se me solapa y el efecto exponencial se multiplica bastante (cosas de mi cuerpo).

Me irrita tener que improvisar y planificar mi vida durante cada segundo sin posibilidad de descanso.

Es una sensación constante de que nunca es suficiente lo que hago y de que todo es demasiado.

¿Y sabéis qué? Estoy cansada de esto. Hay momentos en los que me olvido de vivir y al final eso es lo importante, lo que cuando tenga 80 años pueda decir “joder que buena vida he tenido”

Esto no significa que haya que dejar de cuidarse (nunca diría algo así, sin salud poca vida vamos a tener) sólo que tenemos que aprender que esto es una parte de nuestra vida y que aunque sea invasiva a nivel mental, también tenemos que llenar nuestra vida, hacer que sea plena, hacer que cuente. Mirar para atrás y saber que no hemos vivido con miedo, sólo con cuidado, pero que también hemos vivido.

No podemos dejar que la diabetes nos mate el alma y la vida, ya lo hizo con nuestras células la vida es corta vivela tambien con diabetesbeta, no le demos más oportunidades de hacernos más daño, porque las aprovecha…

Tenemos que cuidar nuestro cuerpo, sí, pero no podemos olvidar que eso incluye también la cabeza y las emociones.

Hay algo que nos iguala a todos. Todos vamos a tener el mismo final. La diferencia es el cuándo. Y ante esa incertidumbre lo único que os puedo decir es Vivir, porque merece la pena que al irte a dormir puedas pensar que ese día no ha sido perdido.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.

 

P.D. Me gustaría dedicar esta entrada a @unamadrenoserinde porque cuando empecé con mi reflexión puso en instagram un comentario que me hizo darme cuenta de que a veces la quemazón nos llena pero aún con esas, seguimos para adelante


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