La adolescente que llevo dentro

Desde que escribo el blog (más de un añito ya) analizo mucho más mi diabetes y su comportamiento.

Y de un tiempo a esta parte he llegado a una conclusión bastante rotunda: mi diabetes es una adolescente en plena edad del pavo.

Cuando llegó a mi vida era un poco como un bebé, cubiertas las necesidades básicas de insulina, comida, ejercicio y controles, era llevadera y me permitía disfrutar porque era un bebé que dormía bien. Me daba mis ratos para mí.

bebe emoticono con chupete

Quizá no era así, ya que, aunque yo estaba totalmente implicada con mi bebé, estaba más alerta la abuela (o lo que es lo mismo, mi madre). Pero es como lo recuerdo, algo tranquilo y que manejaba con cierto acierto.

Pero ahora la miro y veo que se me ha convertido en una adolescente y me da unos días que estoy por llamar al de Hermano mayor porque esto se me va de las manos por momentos.

Como buena adolescente coñazo (yo lo fui y sé de lo que hablo y mi familia más que yo) es ingrata, consentida y caprichosa hasta extremos insospechados.

Nunca hace caso de nada, va a lo suyo sin pensar en las consecuencias.

De verdad que me esfuerzo por cuidarla, pero es que hay días que dan ganas de mandarla a la mierda, pero ya sé que cabrearme sólo sirve para que porte aún peor conmigo.

emoticono cabreado con la lengua fuera

Se come a la hora que ella dice y no le discutas. Da igual que estés a punto de meterte en la cama habiendo cenado bien, que como diga que tiene hambre, a darle de comer o te monta un pollo (aunque le llamemos hipoglucemia, es un berrinche adolescente)

Y no tengas hambre, que como esté de que no… Te marca un 300 en la pantalla y a corregir y a esperar, que para cuando se estabiliza esto ya ni hambre ni nada te queda.

Además vive a mi costa. No aporta nada a la economía familiar y prepárate si la quieres mandar a la universidad (eufemismo de monitorización continua) que en la pública no me cumple los requisitos la niña y a privada sí o sí. Y o no me la puedo permitir o no me dan acceso a las que me puedo permitir. Vamos que la tengo estudiando en casa a ver si podemos ahorrar algo (eufemismo de que reviento los dedos a base de controles capilares).

Sus necesidades van por delante de las mías, siempre. Que me quiero sentar a leer un libro tranquilamente y a ella no le parece bien, toma bajada, a ver cómo te las arreglas. Que tengo poco tiempo para comer un día, toma subidón, a ver si tienes cojones de esperar 30 minutos o más para comer.

Y claro está, ataca en el momento más inoportuno. Porque seguro que a más de uno le ha venido la niñata con alguna de las suyas cuando estás teniendo un momento cariñoso….

emoticono amarillo con cara de enamorado y corazones alrededor

Como en el afán de cuidarla se te vaya la mano, es que se lleva todo a los extremos. Las medias tintas no están hechas para mi niña. Es que siempre está en pie de guerra al acecho. No perdona el más mínimo error la condenada.

Y para más tocadura de pelotas, intenta enfadarte con ella o con otra persona, que es de un sensible que ni las noticias te deja ver casi. Reacciona a todo y rara vez para bien.

Además no se olvida de nada, en el futuro te echará en cara todo  y se lo pagarás. Que cuando tiene el pavo menos subida, es más tolerante, lo sé, pero es que esta mía no ha olvidado que tuvimos una racha de poco querernos y ahora me ha devuelto varias cositas de hace ya unos añitos y las que me quedan.

Lo que más me frustras es cuando tiene sus momentos de calma, no porque no los quiera, todo lo contrario, es que me confío, pienso que ya se le ha pasado, que se me ha hecho adulta la niña y por mis cojones, ahí está, preparándose para darme otra lección en más o menos tiempo.

Yo sé que es mía y que la tengo que cuidar, y lo hago, pero la jodida podía estar un poco menos a la defensiva. No ve que la vida no es solo ella y que al final del día, después de hacer malabares con el trabajo, la familia, los amigos, los estudios, la casa y un sinfín de cosas más, es duro mirar hacia adentro y ver como la adolescente que llevo dentro, no me da tregua (nuevamente).

Pero bueno, si mi adolescencia pasó y  mi madre puede contarlo y reírse ahora de algunas cosas, yo me armo de paciencia hasta que a esta niñata mía se le pase la suya. Que ella me dará guerra, pero yo me sigo levantando cada mañana dispuesta a hacerle llegar a la madurez.



Como siempre estáis invitados a dejar vuestros comentarios abajo tanto para alabarme el gusto como para ponerme a parir. Todos sois bien recibidos, salvo el spam.

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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