Al estar escribiendo el blog me he dado cuenta de que una cosa que he olvidado es lo que es tener una vida con un páncreas funcional y ha sido una sensación rara.

Como ya comenté en “mi debut en el mundo de la diabetes“, fui diagnosticada cuando iba a cumplir los 13 años y ahora estoy cerca de los 40 (aunque aún falte algo de tiempo) por lo que casi puedo decir que tengo diabetes desde siempre, porque no nos vamos a mentir, ¿quién es capaz de recordar los detalles de su vida antes de la adolescencia?

Mi vida “consciente” ha sido siempre diabética.

Aunque fue un debut temprano en todo esto, la verdad es que por lo menos me permitió disfrutar de una niñez sin pinchazos y sin restricciones. Si ya es duro llevar el control en la adolescencia, que es cuando vas descubriendo el mundo adulto, creo que tiene que ser más duro en la infancia. Yo por lo menos ya tenía algo de consciencia pseudo adulta y comprendía que las tiendas de chucherías no eran aptas para diabéticos.

Es curioso lo caprichosa que es la memoria. Soy capaz de recordar lo que último que comí antes de mi diagnóstico, pero no soy capaz de recordar el sabor de la leche con cola cao.

Si mañana mi dijeran “hoy no tienes diabetes” creo que estaría perdida en mi vida. ¿Cómo sería levantarme y lavarme las manos sin más? Sin medirme el azúcar después. ¿No inyectarme la insulina? 0_0 Sólo de pensarlo me  parece algo totalmente ajeno a mí. ¿Qué sentiría al comer sin pesar la comida, ni pensar en HC? ¿Cómo sería repetir lentejas de las que tan ricas le salen a mi madre? ¿Dormir sin sobresaltos? ¿No preocuparme de que haya una hipoglucemia esperando para atacar?

Qué bonito es fantasear ¿verdad? De vez en cuando no viene mal y puede ser hasta sano. Yo cuando lo hago no pienso en comer pasteles o chocolate o algún postre de esos deliciosos que veo de lejos en las pastelerías. No. Mi sueño es otro. Es un bocadillo enorme de tortilla de patata con un poco de picante. Eso sí que merece un paseo imaginario de esta mente mía.  Soy de “pecados humildes”.

Hoy estaba comiendo en el trabajo y podía oír una conversación sobre lo magnífica que es Roma y su comida; pizza, pasta y helado era lo más repetido. Todo un festival para mis oídos diabéticos de HC. Las oía hablar y mi cabeza por inercia estaba intentando calcular mentalmente los HC de un buen plato de pasta al dente y cuánta insulina necesitaría para disfrutarlo como se merece.  Lo que hace la costumbre…

Por eso me ha resultado tan extraño darme cuenta de que ya no tengo una vida pre-diabetes, de que mi vida es otra, que la diabetes es algo 24 x 7 y que me va a acompañar siempre y que tras muchos años de rabia adolescente (y adulta, que me duró lo mío) por esta mierda que me ha tocado en suerte, aunque no haya cambiado de opinión, y siga pensando que es una mierda, porque lo es, al menos ya lo he asimilado por fin como algo mío y eso me ha ayudado bastante, porque aunque sigo llevando un control desastroso, puedo asegurar que comparado con cómo estaba hace unos años,  ahora estoy en la cima de mi carrera artístico diabética.

 

Nos leemos entre pinchazos. Besos dulces.


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